#297 UNA LECCIÓN QUE APRENDER

De cuánto volumen de divisas nos estamos refiriendo al reducir veinte puntos, que no es otra cosa que el equivalente a veinte cheles de cuarenta pesos, la paridad proscrita -ilegal- en opinión de las autoridades monetarias. No lo sé, tampoco es necesario saberlo.
El banco central apeló a sus reservas, exiguas por cierto; convertido en un comerciante más de divisas frente al medio empresarial importador, sector distorsionante del supuesto equilibrio, ficticio a todas luces, que hemos mantenido obcecadamente hace algunos tiempo, un rejuego de pesos y dólares en la isla.
En el modelo económico exportador tal situación sería un sin sentido. Ocurriría todo lo contrario; el techo importador lo determinaría la capacidad del aparato productivo generador divisas, en cuya tendencia predominante la relación Importación/Exportación estaría por debajo de la unidad.
En absoluto nos atendríamos a las reservas de la economía, todo lo contrario, éstas aumentarían sostenidamente, resultado del crecimiento diversificado de la actividad económica exportadora.
Si nos fijamos en economías exportadoras como la de Chile, Japón o Taiwán por decir algunas que saltan a la vista, sus ingresos en divisas no dependen de la diáspora, la agropecuaria, o de la extracción y comercialización de materia prima, ni mucho menos de la inversión extranjera.
La pregunta está planteada hace algún tiempo. ¿Estamos en condiciones de realizar el cambio de un modelo económico importador como el actual, revestido de zona franca y turismo –el negocio del capa perro, porque no manejamos ni siquiera el diez por ciento de las divisas que producen esos supuestos sectores de la economía- a un modelo económico exportador?
Cuando absortos observamos la construcción del Metro de Santo Domingo, hecho sólo a cuenta de visión y buena voluntad, no tenemos ninguna duda que estamos preparados para incursionar en un nuevo reto, esta vez la superposición en la isla del modelo económico exportador.