# 298 PIE FORZADO, LA DESINVERSIÓN

No se admite -distinción cansona por demás- la disquisición alternativa de la economía; una impresión soterrada de que todo está formateado e impuesto; pues resulta cuesta arriba aventurarse con referencias distintas. ¿Incursionar en otro ángulo de la realidad? A esto se le huye como el diablo a la cruz. No me hago ilusiones, pues es propia de la naturaleza humana la resistencia a lo contradictorio. ¿Cabida a lo peculiar, a lo singular? Eso no; reacción habitual. Exploro cuanta forma posible exprese, esta es una: la desinversión.
Mientras el ejecutivo realiza ingentes esfuerzos por atraer capitales foráneos hacia la isla, en medio de un modelo económico mezquino, me refiero a éste que cuenta con un pobre mercado de consumo de apenas tres millones de dominicanos; el resto que consume es dependiente.
Mientras –digo, eso ocurre- gente insensata se dedica a ahuyentar las inversiones, me refiero a la denuncia del embajador inglés, en acida crítica al ambiente hostil del negocio insular, caemos indefectiblemente en la figura económica de la desinversión.
La desinversión no es la ausencia de la inversión, sino la creación de un flujo financiero en sentido opuesto o negativo. Me pregunto, ¿esto se entenderá? Soy pesimista, creo que no. Puede ser que esté ocurriendo ahora cuando usted amigo lector discurre apurado su vista por estas preocupantes líneas. A falta de un modelo económico rentable – el que tenemos no lo es- pues la inversión, de donde venga, es favorable en un sentido. ¿Será ese sentido el de los ingresos o el de los beneficios? Con las inversiones externas sólo llegan capitales de infraestructura que son contabilizados en el país de origen. Los activos en cuestión afincan en la isla con la impronta de la exención impositiva. Así como lo lee; ¿le parece mentira? Pues sí. Y, como si nos estuvieran haciendo un favor, se identifican orondos como creadores de puestos de trabajo. La desinversión nos está tragando, provocando la estrechez peligrosa del cinturón de miseria.