Abogamos por la industrialización de la isla bajo lasombrilla de un modelo económico abierto, cuya manufactura se oriente a losmercados externos. ¿Esto constituye exportación? Sí, pero no. Si, pretendemosestimular el comercio exterior con exportaciones netas fruto del nivel dado dedesarrollo económico alcanzado. No me refiero al crecimiento de la actividad económicacomo objetivo, bien como la resultante del proceso de industrialización observadoen la curva de experiencia dominicana. Pero no, que ocurran, que se provoquen,que se induzcan exportaciones por el mero hecho de exportar, la estadística delsinsentido económico que engloba cifras incoherentes al sumar los negocios dezonas francas, la extracción de minerales, y la comercialización de productosperecederos, como si la exportación pasara por una herramienta de relacionespúblicas, un punto de agenda gubernamental, el indicador de imagen de queestamos en la cosa. Nada más lejos de la realidad.
Los fuertes vientos que llegan del viejo mundo –Europa-nos traen experiencias económicas aterradoras –caso Grecia, España, Italia- imágenesapocalípticas que de seguro ocurrirán en Republica dominicana si se sigue porel mismo rumbo, el derrotero de la crisis. ¿Cuál es el sendero de la crisis? ¿Será la burbuja financiera que estamos insuflando irresponsablemente? Así es, la carrera alocada de endeudamiento externo que como cáncer ha hecho metástasis en el presupuesto de la nación. Hoy en día los gastos oficiales ostentan un componente significativo de endeudamiento externo, que por su tamaño desproporcionado no se corresponde con la situación de desarrollo económico que vive la Republica dominicana, donde subyace una política económica consumista, perversa a todas luces. Reiteramos la reducción inmediata del tamaño de la economía, la implementación de una política fiscal cuyo objetivo sea el incentivo al desarrollo industrial dominicano.