La gente pregunta por qué el endeudamiento periódico de
deuda externa. Este hecho no es casual sino causal, existen motivos más allá del
aparente parafraseo. Fíjense que la deuda local, la de los pesos, esa deuda no
es el problema pues al fin y al cabo se reduce a materia de laborantismo de
escritorio, un manejo monetario revestido de crédito bancario o de gasto
público, ese que deviene de la función financiera de la administración regencial.
Para respondernos con propiedad económica observemos la composición del consumo
isleño, tópico éste de ingesta, trapos y esnobismo cibernético, el estilo de
vida actual, apostrofado por el inmenso parqueo vehicular, secuela de consumo energético
sin valor presente, pero de alto costo político en el porvenir no muy lejano.
El endeudamiento proseguirá mientras no haya otro mecanismo de ingreso en dólares
que sostenga el consumo expansivo de la población dominicana. La incidencia
mayor en los bolsillos de la gente corresponde a bienes industrializados de
alto valor agregado de fabricación extranjera. Nuestro comercio local está
blindado por más de cuatrocientos mil unidades de mercancías y servicios de
diverso origen que vienen a satisfacer los gustos polifacéticos de los consumidores isleños. No cabe duda, el
modo de frenar la hemorragia de endeudamiento externo consiste en la acción
decidida de producir para un modelo económico abierto, sin fronteras, espacio
en que evidentemente circulan las monedas fuertes. Sin ingresos periódicos de
divisas no podría sostenerse el equilibrio económico, la vanagloriada
estabilidad de la prima del dólar. Sin la inyección recurrente de endeudamiento
externo, debido a la ausencia de políticas económicas orientadas al fomento de
la industria de exportación, nuestro consumo solo cabe en la vida de ficción que
provoca el uso desmedido del dinero prestado.