A falta de un mercado comprador, la industria de los
países desarrollados se sumiría en crisis. Créanlo, las ayudas de naciones
productoras a los pueblos en vías de desarrollo, o la reciente visita del
mandatario chino en México, no tiene otro interés que la búsqueda de mercados
de compradores para sus empresarios fabricantes. Asunto de subsistencia convertida
en jornada patriótica de gobiernos en
donde existe desarrollo de producción fabril que, huelga decirlo, sin
consumidores se enseñorearían las dificultades económicas. Pues, Latinoamérica
es apreciada por su condición de mercado consumidor, no así de productor o
industrial. La categoría de mercado consumidor en oposición al de un mercado
productor o industrial avala la creciente y revolvente deuda externa de los
países latinoamericanos que protegen y blindan su mercado de consumidores con
dólares de deuda externa, inyección de divisas periódicas que deben ingresar a
las economías cuyo modelo de subsistencia es el consumo y no la producción,
dólares o divisas que no producen, por eso la creciente deuda externa para
asistir por la vía del cambio de pesos por dólar en lugar de crédito en divisas
a los exportadores que se ríen con las muelas de atrás. Al importador
latinoamericano no le cuesta nada, ningún esfuerzo, el volumen de dólares que
se engullen para sostener este modelo perverso y anti-nacional identificado como mercado compradores, en otras palabras, el de los consumidores
dependientes. Por qué echarle la culpa de nuestros males económicos a los
industriales foráneos, pues nadie nos obliga ni conminan a constituirnos en
consumidores dependientes. Pero, ojo, ellos, los países industriales son
también consumidores, con la diferencia que producen divisas, cosa que no
ocurre en los países subdesarrollados, situación que los elevan a la categoría de
consumidores independientes.