Conocemos bien lo que está ocurriendo con los huevos que se producen en la isla. Pues, resulta que
con la pérdida del mercado haitiano, lo lógico fuera que se desplomara su
precio, pero no ha sido así. Qué ha ocurrido entonces. Existe la sobreproducción de huevos, de eso no hay duda,
éstos se consumen o se dañan, es corto el plazo de la alternativa en cuestión,
sólo catorce días, después de dicho plazo nadie aguanta la hediondez del almacén
de la granja en donde se ubica su inventario. Por otro lado el mercado de
consumo dominicano no puede absorber la referida sobreproducción, está fuera de
sus posibilidades de gastos. Sin embargo, ante el referido sobre-inventario, la
gente no se explica el por qué del aumento del precio, cuando se esperaba todo
lo contrario. Pues, el exceso en el precio sólo encuentra su justificación en
el financiamiento de las pérdidas por parte de la población, un crédito sin
retorno, lo que Marx identificó como la acumulación originaria, el pueblo sin
saber por qué, prohíja las
pérdidas del empresario pecuario, riesgo que éste sin ninguna duda tendría que asumir.
Debo decirles que tampoco existe en la isla la industria derivada por que no
hay actividad exportadora, la opción viable sería la deshidratación ante la
coyuntura del exceso de producción que contrarrestaría el ciclo corto de
consumo, sin sacrificio al magro, enjuto y flaco ingreso del pueblo isleño.
Pero, no hay mentalidad ni actitud al comercio internacional, habiendo mercados
inmensos para los derivados del huevo. Bueno, los hueveros, ni tontos ni
perezosos, optaron por el financiamiento de sus pérdidas. No fue suficiente el
aporte del gobierno en numerario, dación injustificable pues los dineros del
fisco, que son del pueblo, no deben ser objeto de comercio, sino
primordialmente de inversión social, que no la hay, por eso nuestra pobreza estructural
a pesar de la cantaleta recurrente del crecimiento del PIB por parte del banco
central. Los hueveros, a falta de mercado, le cargaron las pérdidas al pueblo
isleño con el aumento del precio. El gobierno debe intervenir a favor de
quienes lo sostienen, la ciudadanía, que no tiene por qué financiar pérdidas por
la falta de visión y de orientación comercial.