Asistimos al pasadía del cuatrienio de turno y al guión económico en vigor, apuntes ordenados con el objeto de que sirva para un fin determinado, vivificando la fiesta de los incautos y al pueblo llano como su principal intérprete, ejercicio desagradable de movimientos y gestos del guiñol de la política domestica.
Hasta hoy la propuesta de reforma o rectificación fiscal mueve a un sin número de conjeturas, hay una interesante que induce a la especulación de la apariencia de la disensión del Ejecutivo y la plana empresarial sobre el alcance de la reforma, no pondera el argumento económico en sí, sino el manejo de la comunicación que conlleva, de la cual pueden surgir múltiples conjeturas, algunas razonables y otras no tan razonables, empero no tropieza con la medida económica, por el contrario la salva en un ejercicio de equilibrismo político de sobrada precedencia.
Antes no pero ahora si, el máximo colectivo empresarial del país se decidió por elegir su interlocutor, esta vez quieren dialogar con el FMI sobre la rectificación fiscal, veremos en breve si el ejercicio coloquial resultó ser una disquisición o una divagación, tenemos expectativas conservadoras sobre su resultado final. Los industriales están firmemente interesados en hacerle entrar en razón al FMI con el argumento de la reducción del gasto del gobierno en 29 mil millones de pesos que ocasionaría un superávit del 2.5% del PIB, que echaría por la borda la propuesta de rectificación fiscal. Lo que no toma en cuenta la cúpula empresarial natía es la imposición de la reforma fiscal por parte del FMI para continuar con el acuerdo Stand By en el 2007. Entre algunas medidas de austeridad, sugieren la disminución del subsidio a la electricidad y la focalización del subsidio al gas licuado de petróleo, medidas que si se toman caprichosamente abrirían el dique de la protesta de los estratos sociales más pobres que son los más, en nuestra opinión con justa razón. Se aduciría que el nuevo incremento del 16% por la aplicación del ITBIS, encarecería la economía de los pobres en renglones como el azúcar, aceite, café y chocolate. Lo que llama la atención de esta objeción son las muestras de sensibilidad social del empresariado, muy dado a anteponer sus intereses particulares al beneficio de las grandes mayorías, que debilita ostensiblemente sus argumentos que contraponen el resultado final de la reforma fiscal. Lo cierto hasta ahora de las opiniones de los diversos actores económicos es que no dejan de ser conjeturas, apreciaciones indiciarias.
Hasta hoy la propuesta de reforma o rectificación fiscal mueve a un sin número de conjeturas, hay una interesante que induce a la especulación de la apariencia de la disensión del Ejecutivo y la plana empresarial sobre el alcance de la reforma, no pondera el argumento económico en sí, sino el manejo de la comunicación que conlleva, de la cual pueden surgir múltiples conjeturas, algunas razonables y otras no tan razonables, empero no tropieza con la medida económica, por el contrario la salva en un ejercicio de equilibrismo político de sobrada precedencia.
Antes no pero ahora si, el máximo colectivo empresarial del país se decidió por elegir su interlocutor, esta vez quieren dialogar con el FMI sobre la rectificación fiscal, veremos en breve si el ejercicio coloquial resultó ser una disquisición o una divagación, tenemos expectativas conservadoras sobre su resultado final. Los industriales están firmemente interesados en hacerle entrar en razón al FMI con el argumento de la reducción del gasto del gobierno en 29 mil millones de pesos que ocasionaría un superávit del 2.5% del PIB, que echaría por la borda la propuesta de rectificación fiscal. Lo que no toma en cuenta la cúpula empresarial natía es la imposición de la reforma fiscal por parte del FMI para continuar con el acuerdo Stand By en el 2007. Entre algunas medidas de austeridad, sugieren la disminución del subsidio a la electricidad y la focalización del subsidio al gas licuado de petróleo, medidas que si se toman caprichosamente abrirían el dique de la protesta de los estratos sociales más pobres que son los más, en nuestra opinión con justa razón. Se aduciría que el nuevo incremento del 16% por la aplicación del ITBIS, encarecería la economía de los pobres en renglones como el azúcar, aceite, café y chocolate. Lo que llama la atención de esta objeción son las muestras de sensibilidad social del empresariado, muy dado a anteponer sus intereses particulares al beneficio de las grandes mayorías, que debilita ostensiblemente sus argumentos que contraponen el resultado final de la reforma fiscal. Lo cierto hasta ahora de las opiniones de los diversos actores económicos es que no dejan de ser conjeturas, apreciaciones indiciarias.