En un ejercicio de existimación económica se puede afirmar que existe una idiosincrasia cibaeña como, sin lugar a dudas, nadie pone en tela de juicio la viva y diferenciada manifestación de la idiosincrasia dominicana. Qué es tanto el uno del otro para afirmar por ejemplo que la República Dominicana está “cibaeñizada”. Sería interesante saber qué nutre la forma de ser y de pensar de la sociedad del norte del país, sobre todo el sentimiento de orgullo, fruto de valores relativos que han hecho conciencia. Sin ánimo de sustantivar aquella o caer, sin quererlo, en la subestimación de los capitaleños, nos auxiliaremos de la economía para salir a camino. ¿De qué parte el orgullo cibaeño?; podemos afirmar sin temor a equivocarnos que hay una gran proporción de los 64 mil millones de pesos que se produce en el sector agrícola en manos de los cibaeños, sin contar con la pecuaria, que con seguridad consumimos diariamente después de pasar por las manos generosas del agricultor del Cibao, sin obviar los cultivos industriales de exportación equivalentes a 12 mil millones de pesos, llámense tabaco, café y cacao entre otros, extraídos y producidos por el Cibao.
El Cibao ha logrado cierta independencia económica, logrando su cota más alta en la provincia de Santiago de los Caballeros, provincia situada en el cibao norcentral, tan o más importante que Guayaquil, la segunda ciudad en importancia de Ecuador, por cierto símil mas apropiado a Quito, la capital de este extraordinario país sudamericano.
La macroeconomía cibaeña de puede ponderar en términos de oferta y demanda agregada. En tal sentido el sur del país con capital y todo, es eminentemente dependiente de lo que puede producir el norte. El valor económico de la capital corresponde en gran medida a su valor de mercado de consumo, al margen de la inmensa amalgama comercial que caracteriza la infraestructura distributiva de la capital. En el aspecto financiero, en orden de protagonismo, la capital sustenta la banca personal o de consumo, marca que distingue la banca dominicana, desdoro de la otrora banca de fomento, hoy en día arrumbada en el baúl de los recuerdos. Ahora bien, lo notable en el Cibao son las oportunidades extraordinarias en el desarrollo de proyectos agroindustriales y por ende, la necesidad urgente del soporte financiero de bancas de fomento y desarrollo. En la capital conocemos poco del glamour cibaeño, nuestro orgullo capitaleño no lo deja ver. Para los que quieran conocer el país real, les recomiendo que lean la obra El Principito de Antoine Saint Exupéry.
El Cibao ha logrado cierta independencia económica, logrando su cota más alta en la provincia de Santiago de los Caballeros, provincia situada en el cibao norcentral, tan o más importante que Guayaquil, la segunda ciudad en importancia de Ecuador, por cierto símil mas apropiado a Quito, la capital de este extraordinario país sudamericano.
La macroeconomía cibaeña de puede ponderar en términos de oferta y demanda agregada. En tal sentido el sur del país con capital y todo, es eminentemente dependiente de lo que puede producir el norte. El valor económico de la capital corresponde en gran medida a su valor de mercado de consumo, al margen de la inmensa amalgama comercial que caracteriza la infraestructura distributiva de la capital. En el aspecto financiero, en orden de protagonismo, la capital sustenta la banca personal o de consumo, marca que distingue la banca dominicana, desdoro de la otrora banca de fomento, hoy en día arrumbada en el baúl de los recuerdos. Ahora bien, lo notable en el Cibao son las oportunidades extraordinarias en el desarrollo de proyectos agroindustriales y por ende, la necesidad urgente del soporte financiero de bancas de fomento y desarrollo. En la capital conocemos poco del glamour cibaeño, nuestro orgullo capitaleño no lo deja ver. Para los que quieran conocer el país real, les recomiendo que lean la obra El Principito de Antoine Saint Exupéry.