Solo la urgencia y la necesidad de supervivir nos puede llevar a hacer cambios cualitativos, no hay otro camino. El conocimiento, know-how, es un recurso que está fluyendo en diversas esferas del país, el financiamiento en el ámbito de los proyectos para la producción está aflorando, y no cabe duda que diversas entidades internacionales de renglones especializados reconocen potencialidades de desarrollo regional a la República Dominicana, pero aún estamos fuera de contexto, desconocemos la exportación. No hay contradicción cuando lo afirmamos, y no nos referimos al trasiego histórico de mercancías de tradicional egresión en el país, ni al empresario de hoy que está sobrecomunicado y sobreinformado por la Internet, la creación tecnológica más importante del siglo pasado. La exportación solo se conoce cuando se exporta, cuando actuamos en ese esquema de comercialización movidos por intereses y sentimientos, cuando exportamos como reacción a la pasión que despierta la subsistencia de nuestro país, a la necesaria ansiedad de concretar algún día las aspiraciones de desarrollo, de ese orgullo inquebrantable de ser dominicano. Si esto no está enraizado en el empresario al concebir la exportación, afirmamos sin temor a equivocarnos, que no conocemos la actividad de exportación. La exportación como la fabricación engloba un aspecto cultural y ancestral, una praxis, el trazo de una curva de experiencia a través del tiempo que va más allá del mero deseo de exportar. Recuerdo las muestras de orgullo del Ingeniero Jaquez de Jabonería Valencia cuando nos mostraba la planta de fabricación de jabones en la zona industrial de Herrera, actitud entendible solamente para quienes están sustentados en una tradición familiar de fabricación, cuando ahora es más fácil almacenar que fabricar. Los ejemplos abundan, ahí tenemos la exportación de hielo que a inicio del siglo XIX se le ocurrió a un comerciante americano, exportando nada menos que 130 toneladas de hielo a Martinica, cuando al cabo de unos años se convirtió en un éxito financiero, acumulando penurias desde los inicios, solventando problemas de ineficiencia en la recogida de hielo, además de desarrollar un mercado. Exportar supone un nuevo paradigma en la comercialización dominicana, el paradigma de Thomas Kuhn, un nuevo conjunto de prácticas que caracterizan una disciplina en un periodo del tiempo, un patrón, un modelo de comercialización para este tiempo. Ojala no necesitemos una revolución para dar paso a las sucesivas transiciones de paradigmas empresariales, optamos por la alternativa menos traumática de la gradualidad.