Estoy convencido que el empresario dominicano tiene ideas erradas sobre el mercado de consumo. He llegado a creer que desde hace mucho tiempo permanece en un estado de confusión sobre la forma cómo opera la economía. La razón no es otra que la poca educación que ha recibido en ese aspecto, que por demás es deficiente. Se que lo que estoy expresando contienen palabras duras, pero la realidad está ahí; somos testigos todos los días, a cada momento, a través de los medios de comunicación y en los establecimientos comerciales, y lo que vemos en la actuación del empresario dominicano llora ante los ojos de Dios. Vemos con asombro que puesto en vigencia el TLC con Centroamérica y USA, nuestro empresario sigue operando como si esta economía fuera la del periodo 1950-1970, la época de la “sustitución de importaciones” que creó la zona industrial de Herrera con la nefasta ley 171, y que hizo ricos a muchos empresarios locales a costa de privilegiar el mercado de consumo local, imponiendo precios arbitrarios a mercancías de muy mala calidad, época en que no operaba una economía de competencia.Actualmente se está llevando a cabo un proceso de reajuste de los costos fijos de los bienes comercializables, suprimiendo el gravamen transitorio del 13%, la ampliación de la tasa cero sin importar el origen de las importaciones, la reducción del selectivo al consumo y la eliminación de la factura consular. La tendencia es a desregularizar el comercio local, liberándolo de gravámenes arancelarios, y por ende estimulando el flujo de bienes que ingresan -importación- o que salen –exportación- del país, lo que ha originado una situación de precios más competitivos –precios bajos- de los que teníamos antes de las medidas tomadas por el gobierno a la luz del TLC en referencia. Empero, resulta que los precios no bajan, por el contrario tienden a subir en medio del reciente regateo del empresariado al reajuste salarial, que no tiene otro sentido que dinamizar el constreñido consumo dominicano, lo que a la larga va a traducirse en ventas, beneficiando en última instancia al empresario remolón. Con estas observaciones no nos estamos refiriendo a las MyPes -en reiteradas oportunidades he puntualizado que éstas son las llamadas a asumir el rol de abastecedoras del mercado local-, sino a las medianas y grandes empresas, aquellas que tienen un capital estructurado, con enormes posibilidades para competir en un escenario de consumo ampliado como los que presenta los TLC. La reducción de los precios fija un gran componente de beneficio al empresario.