Todos queremos saber que está ocurriendo en la China, esa revolución económica que está creando un nuevo protoganista central en el mundo, con capacidad para desplazar a USA como referencia económica del siglo XXI, particularmente los países en vías de desarrollo como la República Dominicana en donde todo está por hacer. En la economía china opera el socialismo de mercado, muy diferente a la forma en que acostumbramos a desenvolvernos en los países occidentales en cuanto a consumo y producción se refiere. El socialismo de mercado es un sistema económico en el cual el recurso humano es el eje central de decisión; la institución de producción, la empresa, opera bajo los lineamientos de los trabajadores, los empleados; la producción responde a las demandas del mercado consumidor. Lo llamativo en este sistema económico es la gran capacidad de consumo del recurso humano, porque participa en los beneficios de la empresa de forma equitativa sin que de por medio exista un patrono que se lleve la gran proporción de los beneficios como ocurre en el sistema capitalista, contribuyendo a la desigualdad en la distribución de la riqueza. Lo interesante es saber si este sistema económico chino, mezcla de socialismo con capitalismo funciona o no, porque entre otras cosas lo hace bajo el esquema de la propiedad social y no como funciona en nuestros países con base a la propiedad privada. El Estado, en este modelo social de mercado, estimula por diversas vías la propiedad social de los medios de producción, creando oportunidades para el autoempleo y difundiendo la cooperativización. Sin embargo es válido decir que la experiencia china ha sido favorable en la medida que las decisiones económicas se han alejado del Estado, recayendo este rol en los hogares y las empresas. Hay quienes afirman que en la China ocurre otra cosa menos el artificioso modelo de socialismo de mercado. Esta afirmación es sostenida por James A. Dorn, Vicepresidente de Asuntos Académicos del Cato Institute. Recurrir a la medida parcial del socialismo de mercado únicamente prolongará los costos de la transición a un verdadero sistema de mercado y continuará politizando la vida económica. Lo que China necesita son mercados libres privados, no mercados socialistas regulados. La privatización de las empresas estatales chinas daría paso a dueños verdaderos que serían responsables por el desempeño de sus empresas y tendrían sus incentivos para maximizar las ganancias al contratar a administradores eficientes y producir lo que los consumidores quieren. La meta de China de construir una economía social de mercado es una ilusión impresionante: los mercados se basan en el intercambio voluntario, afirma en un ensayo James A. Dorn.