El petróleo dejó de ser hace tiempo un bien económico para convertirse en una mercancía antieconómica. La economía consiste en crear recurrentemente nuevas elecciones, cosa que no hemos hecho lamentablemente con los combustibles, circunscribiéndonos irracionalmente a los derivados del petróleo. La antieconómia es la economía de lo absurdo. Incursionamos en esta práctica cuando sistematizamos el consumo de una mercancía que cruzó la frontera de la escasez, tornándose de difícil y condicionado acceso, particularmente por la volatilidad del precio y los intereses creados a su alrededor. El petróleo hace tiempo dejó de ser un bien económico; sin temor a equivocarnos, en su lugar avistamos un bien sensiblemente político.
Las cifras son elocuentes: convertir ocho millones de vehículos disminuiría el consumo de petróleo en 650 mil barriles por día, disminuyendo los gastos por importación de petróleo en 7 mil millones de dólares por año. El costo de la unidad de energía de gas natural es aproximadamente un 50% del costo de la gasolina.
Según se deduce de las experiencias existentes, el gas natural es una alternativa "válida y disponible" para la reducción de emisiones contaminantes debidas al tráfico rodado, dado que la combustión del gas natural no emite partículas y reduce considerablemente las emisiones de óxidos de nitrógeno y de monóxido de carbono. Además, el gas natural no contiene plomo ni metales pesados, y no emite dióxido de azufre en su combustión.
La introducción del gas natural como combustible, en sustitución de los derivados del petróleo, es una de las medidas propuestas por la Unión Europea, que ha establecido como objetivo para el año 2020, que el gas natural represente un 10% del total de la energía consumida en el sector transporte.
¿Por qué puede fracasar un programa de gas vehicular? Porque para que se justifique la inversión requerida para convertir el carro a gas, es preciso que los ahorros por el cambio de combustible permitan amortizarla. Esto significa que la diferencia de precios entre el nuevo combustible: gas natural y el viejo: gasolina sea suficiente para justificar la inversión que implica el cambio, condiciones que existen de sobra en la República Dominicana.
Un caso muy ilustrativo está ocurriendo en Colombia. En diez años han pasado de 5 mil a 100 mil vehículos adaptados para usar gas natural comprimido. Las empresas proveedoras del gas natural comprimido financian la conversión.
Las cifras son elocuentes: convertir ocho millones de vehículos disminuiría el consumo de petróleo en 650 mil barriles por día, disminuyendo los gastos por importación de petróleo en 7 mil millones de dólares por año. El costo de la unidad de energía de gas natural es aproximadamente un 50% del costo de la gasolina.
Según se deduce de las experiencias existentes, el gas natural es una alternativa "válida y disponible" para la reducción de emisiones contaminantes debidas al tráfico rodado, dado que la combustión del gas natural no emite partículas y reduce considerablemente las emisiones de óxidos de nitrógeno y de monóxido de carbono. Además, el gas natural no contiene plomo ni metales pesados, y no emite dióxido de azufre en su combustión.
La introducción del gas natural como combustible, en sustitución de los derivados del petróleo, es una de las medidas propuestas por la Unión Europea, que ha establecido como objetivo para el año 2020, que el gas natural represente un 10% del total de la energía consumida en el sector transporte.
¿Por qué puede fracasar un programa de gas vehicular? Porque para que se justifique la inversión requerida para convertir el carro a gas, es preciso que los ahorros por el cambio de combustible permitan amortizarla. Esto significa que la diferencia de precios entre el nuevo combustible: gas natural y el viejo: gasolina sea suficiente para justificar la inversión que implica el cambio, condiciones que existen de sobra en la República Dominicana.
Un caso muy ilustrativo está ocurriendo en Colombia. En diez años han pasado de 5 mil a 100 mil vehículos adaptados para usar gas natural comprimido. Las empresas proveedoras del gas natural comprimido financian la conversión.