#80 OTRA ECONOMIA

Sin saber cómo ni por qué, de repente estamos viviendo en otra economía en la República Dominicana. Pues si, de pronto las prioridades han cambiado, la agenda fue trastocada. En la economía precedente no se consideraban damnificados, ni desastres y mucho menos acciones de reconstrucción; ni que hablar de donaciones, colectas, y en general las típicas ayudas locales e internacionales. La verdad que el corto plazo y el día a día en países como el nuestro se traga el largo plazo. Y mientras persista la improvisación, más atado estaremos a la administración de crisis, y por ende menos fuerza tendrá el paquete de proyectos de infraestructura del gobierno de turno.
No quisiera decirlo a voz en cuello, pero la economía dominicana se fracturó, se quebrantó con extrema violencia; quiérase o no admitir, esto es verdad. La economía de ahora no es la economía de hace algunos días, la del 9% del PIB. Cualquier vocinglería como esta corre el riesgo de tildarse disparatada, por no decir irreal. Pienso que hemos retrocedido.
La versión actual de la economía dominicana no se corresponde con los esfuerzos que ha venido realizando el empleo de los factores de producción, la inversión que opera, tampoco es el resultado de malas decisiones.
La economía dominicana luce acartonada, enjuta, descuidada e insegura; la plástica de una economía improvisada, definitivamente alejada de los esfuerzos sociales de años recientes.
La infraestructura que tiene que ver con los desastres meteorológicos, y en consecuencia los componentes de estudio, análisis y previsión de fenómenos atmosféricos se han convertido en factor estratégico de alta prioridad, tanto en recurso humano como en equipo. Lamentablemente por olvido u omisión no disponemos de la inversión que garantice a la población y al país en general del mínimo resguardo al patrimonio personal y nacional. Si no evaluemos las ingentes pérdidas de los agentes económicos, sobre todo los del sector agropecuario; como crudo ejemplo está el sur del país, prácticamente desolado.
Otro renglón que cobra preponderancia refiere el tipo de calidad de las infraestructuras viales, puentes y vías de acceso. La otra economía –la que estamos viviendo ahora- expele profusamente estas observaciones. Mientras no las tomemos en cuenta no tenemos futuro. La conclusión que se extrae, lamentable por cierto, es que sin darnos cuenta construíamos una economía de maquillaje que el agua de la tormenta Noel la desdibujó.