Ayer estuve en la panadería de siempre. Al entrar me encontré con la sorpresa de que salvo mi presencia y la de los dependientes, no había gente. En contraste noté que estaba bien abastecida y operaba con un buen aire acondicionado. Cuando pregunté en dónde estaban los clientes, acostumbrados a esa hora, la tardecita del día, agolparse frente al mostrador para comprar el pan y ser uno de los primeros así lleguen detrás de otros, la respuesta fue seca: después vendrán. Pedí cinco panes de agua. Al recibir el cambio de cien pesos de la cajera, caí en cuenta de por qué no había gente en la panadería.
¿Qué ocurre con los consumidores cuando hay un aumento de precios? ¿Qué pasa si el aumento es desproporcionado?, ó ¿si se presume victima del agiotismo? Pienso que nadie quisiera pasar por agorero pero, ¿está trabajando Control de Precios? Existe legislación al respecto, la ley No. 13 de Protección al Consumidor, no es de ahora, data de la década de los sesenta.
El comerciante, el empresario en general, brega diariamente con los gastos del negocio. Vive en ansiedad permanente ante la escalada alcista derivada de la crisis económica actual. Con pánico siente cómo se evapora su capital de trabajo, impotente sin saber a dónde acudir. Buscando resarcir las pérdidas extra-comerciales, desesperado opta por un banco. Sí, el financiamiento es la solución. No pasa mucho tiempo cuando se da cuenta que su negocio está envuelto en otro tipo de descapitalización: el interés revolvente, un tipo institucionalizado de especulación financiera. Sin más disyuntivas que subsistir o cerrar el negocio, decide entonces recuperar su capital en tierra de nadie: la indexación de los precios a través del mercado. La salida en apariencia es genial, que la gente cargue con los platos rotos.
Los consumidores no tienen dolientes, las leyes al respecto han fracasado, ¿La protesta de la gente?, un aparente e inocuo rezongue: la amenaza de no volver a comprar. ¿El alivio del comerciante? La mórbida ilusión de la espera, después vendrán.
Me olvidaba del “devuelto” de los cien pesos, ¿cuánto fue? Veintiocho pesos más el aguinaldo por adelantado de no volver -nunca, jamás- a ese negocio.
¿Qué ocurre con los consumidores cuando hay un aumento de precios? ¿Qué pasa si el aumento es desproporcionado?, ó ¿si se presume victima del agiotismo? Pienso que nadie quisiera pasar por agorero pero, ¿está trabajando Control de Precios? Existe legislación al respecto, la ley No. 13 de Protección al Consumidor, no es de ahora, data de la década de los sesenta.
El comerciante, el empresario en general, brega diariamente con los gastos del negocio. Vive en ansiedad permanente ante la escalada alcista derivada de la crisis económica actual. Con pánico siente cómo se evapora su capital de trabajo, impotente sin saber a dónde acudir. Buscando resarcir las pérdidas extra-comerciales, desesperado opta por un banco. Sí, el financiamiento es la solución. No pasa mucho tiempo cuando se da cuenta que su negocio está envuelto en otro tipo de descapitalización: el interés revolvente, un tipo institucionalizado de especulación financiera. Sin más disyuntivas que subsistir o cerrar el negocio, decide entonces recuperar su capital en tierra de nadie: la indexación de los precios a través del mercado. La salida en apariencia es genial, que la gente cargue con los platos rotos.
Los consumidores no tienen dolientes, las leyes al respecto han fracasado, ¿La protesta de la gente?, un aparente e inocuo rezongue: la amenaza de no volver a comprar. ¿El alivio del comerciante? La mórbida ilusión de la espera, después vendrán.
Me olvidaba del “devuelto” de los cien pesos, ¿cuánto fue? Veintiocho pesos más el aguinaldo por adelantado de no volver -nunca, jamás- a ese negocio.