Los americanos afirman que para recuperar la credibilidad en el sistema financiero pasarán cincuenta años. El daño, vemos, no sólo es del bolsillo, está engendrada una huella abierta, una profunda hendidura en nuestros sentimientos, diseminada a partir de la intuición, en un presentimiento confuso e irracional a todo lo que atufe a banca, inversión o finanzas. De pronto lo bueno se convierte en malo, indeseable.
Entramos en un periodo de reflexión y de seguro los capitales reorientaran su vuelo. Persisten opciones de inversión muy buenas, opciones que no son light –ligeras- en proyectos y muchos que urgen de capitales, ofertas refrescantes de base física, digamos de carácter primaria para descartar de plano los derivados financieros.
En esta época, lamentablemente, hay gente –conocemos de algunas- que juega a “quién tiene la razón”. Las doctrinas económicas deprimidas desde hace algún tiempo pujan por desaguar. Aparecen los mesías del nuevo modelo económico en busca de lo suyo, de eso no hay duda.
Mientras tanto, ¿qué debe hacer el ciudadano común? Nada. Esta es una crisis de los grandes capitales. Sería inoportuno embarcarse en proyectos de mercados masivos, que requieran de considerables capitales. En tanto, sí se requiere orientar la atención en recomponer la economía del entorno animando pequeñas inversiones, sobre todo en proyectos ideados para nichos de mercado, cuyo modelo de gestión-inversión se ajuste al consumidor dominicano. Cuidado con inventar, me refiero a proyectos ajenos a nuestro mercado. Sabemos hasta la saciedad de la debilidad de nuestros empresarios por copiar sin antes consultar.
Entramos en un periodo de reflexión y de seguro los capitales reorientaran su vuelo. Persisten opciones de inversión muy buenas, opciones que no son light –ligeras- en proyectos y muchos que urgen de capitales, ofertas refrescantes de base física, digamos de carácter primaria para descartar de plano los derivados financieros.
En esta época, lamentablemente, hay gente –conocemos de algunas- que juega a “quién tiene la razón”. Las doctrinas económicas deprimidas desde hace algún tiempo pujan por desaguar. Aparecen los mesías del nuevo modelo económico en busca de lo suyo, de eso no hay duda.
Mientras tanto, ¿qué debe hacer el ciudadano común? Nada. Esta es una crisis de los grandes capitales. Sería inoportuno embarcarse en proyectos de mercados masivos, que requieran de considerables capitales. En tanto, sí se requiere orientar la atención en recomponer la economía del entorno animando pequeñas inversiones, sobre todo en proyectos ideados para nichos de mercado, cuyo modelo de gestión-inversión se ajuste al consumidor dominicano. Cuidado con inventar, me refiero a proyectos ajenos a nuestro mercado. Sabemos hasta la saciedad de la debilidad de nuestros empresarios por copiar sin antes consultar.