De los hermanos Grimm, alemanes, heredamos este cuento fantástico que ilustra impecablemente la situación del mercado de consumo dominicano, resumido en la pregunta: ¿por qué no baja el costo de la vida habiendo rebajado el combustible? ó ¿Por qué esperar cada día a que la gallina ponga un huevo de oro? A causa de la avaricia desmedida, un pobre comerciante dañó la fortuna que tenía.
Hemos estigmatizado el petróleo, es un bien económico prejuiciado, ¿sobredimensionado? En lo que se refiere a la rebaja del costo de la vida, sí, ¿y su aumento? Evidentemente que no. La situación del costo del petróleo ha sido un pretexto idóneo para “correr” los precios de los bienes de consumo, deslizarlos hacia arriba sin escrúpulos.
Con sólo revisar los desmedidos niveles de precios del comercio al detalle y el transporte público nos damos cuenta. Son más de cien mil colmados y treinta mil vehículos de transporte público que sobrepasan obscenamente la cota del cien por ciento del beneficio esperado, inserto, disimulado en el precio final. ¿Exagero? Hagan un sondeo. Esos precios transmutaron inexorablemente en inelásticos, estáticos, acartonados. El agiotismo se esconde precisamente en el comercio de fracción, del menudeo. Definitivamente es el mejor negocio del país, pero… el peor para el consumidor.
Hay, no me equivoco, un deseo enfermizo, la ansiedad de acogotar el mercado de consumo. No somos muchos los consumidores dominicanos, apenas tres millones, el resto es dependiente, comen pero no compran. Lo decía en otro momento, de consumidores hemos pasado a “mirones”, todo por matar la gallina de los huevos de oro,… qué, ¿quiénes? ¡Oh! Los empobrecidos consumidores dominicanos.
Hemos estigmatizado el petróleo, es un bien económico prejuiciado, ¿sobredimensionado? En lo que se refiere a la rebaja del costo de la vida, sí, ¿y su aumento? Evidentemente que no. La situación del costo del petróleo ha sido un pretexto idóneo para “correr” los precios de los bienes de consumo, deslizarlos hacia arriba sin escrúpulos.
Con sólo revisar los desmedidos niveles de precios del comercio al detalle y el transporte público nos damos cuenta. Son más de cien mil colmados y treinta mil vehículos de transporte público que sobrepasan obscenamente la cota del cien por ciento del beneficio esperado, inserto, disimulado en el precio final. ¿Exagero? Hagan un sondeo. Esos precios transmutaron inexorablemente en inelásticos, estáticos, acartonados. El agiotismo se esconde precisamente en el comercio de fracción, del menudeo. Definitivamente es el mejor negocio del país, pero… el peor para el consumidor.
Hay, no me equivoco, un deseo enfermizo, la ansiedad de acogotar el mercado de consumo. No somos muchos los consumidores dominicanos, apenas tres millones, el resto es dependiente, comen pero no compran. Lo decía en otro momento, de consumidores hemos pasado a “mirones”, todo por matar la gallina de los huevos de oro,… qué, ¿quiénes? ¡Oh! Los empobrecidos consumidores dominicanos.