Lo habrá, quisiera descubrirlo, sólo observo un enorme entusiasmo mientras Barack Obama, incrédulo, aun celebra con Michelle.
Latinoamérica ha recibido una inyección de expectativas en medio de la crisis económica más compleja e intrincada que ha vivido la humanidad hasta ahora. Barack lo logró con votos y promesas, recursos que no tienen ningún valor para aliviar el dolor, el hambre y la angustia de miles de millones de humanos.
Está en gestación el “Efecto Obama”, no me cabe la menor duda, evidentemente estará configurado en torno a la economía y la esperanza – ¿‘creencia’ suena mejor? – con el precio del petróleo en caída libre, planeando en el vacío en un intento iluso de remontar la pendiente de los buenos tiempos.
Recesión maldita observarán algunos; no rebato esa posición, todos aspiramos a entibiar en lo inmediato la pasmada economía, congelada en sus bases primarias: cero actividades comerciales e industriales más la actividad financiera en extremo desacreditada.
A Barack Obama no le será fácil timonear ni mucho menos definir el impacto de su política económica en el largo plazo, lapso inocuo, idóneo frente a la humareda levantada en el mundo con su escogencia.
Pero si aun cunde la sorpresa con la elección de un presidente negro, sería propicio extenderle un ramo de olivo a la economista negra Ellen Johnson-Sirleaf, egresada de la universidad de Harvard, actual presidenta de Liberia, primera mujer elegida jefe de Estado de un país africano.
En lo que respecta a República Dominicana y Obama, no estamos muy entusiasmados. Salvo el DR-CAFTA, no se vislumbra ninguna situación especial.
Latinoamérica ha recibido una inyección de expectativas en medio de la crisis económica más compleja e intrincada que ha vivido la humanidad hasta ahora. Barack lo logró con votos y promesas, recursos que no tienen ningún valor para aliviar el dolor, el hambre y la angustia de miles de millones de humanos.
Está en gestación el “Efecto Obama”, no me cabe la menor duda, evidentemente estará configurado en torno a la economía y la esperanza – ¿‘creencia’ suena mejor? – con el precio del petróleo en caída libre, planeando en el vacío en un intento iluso de remontar la pendiente de los buenos tiempos.
Recesión maldita observarán algunos; no rebato esa posición, todos aspiramos a entibiar en lo inmediato la pasmada economía, congelada en sus bases primarias: cero actividades comerciales e industriales más la actividad financiera en extremo desacreditada.
A Barack Obama no le será fácil timonear ni mucho menos definir el impacto de su política económica en el largo plazo, lapso inocuo, idóneo frente a la humareda levantada en el mundo con su escogencia.
Pero si aun cunde la sorpresa con la elección de un presidente negro, sería propicio extenderle un ramo de olivo a la economista negra Ellen Johnson-Sirleaf, egresada de la universidad de Harvard, actual presidenta de Liberia, primera mujer elegida jefe de Estado de un país africano.
En lo que respecta a República Dominicana y Obama, no estamos muy entusiasmados. Salvo el DR-CAFTA, no se vislumbra ninguna situación especial.