En esto no cabe ninguna política financiera. Una reducción dramática del costo del dinero en la República Dominicana ha creado la expectativa empresarial hacia el aumento del consumo. Empero no resulta necesariamente así al momento de considerar el factor olvidado, el componente sicológico, variable subestimada en extremo en la praxis económica. Pues este factor estrictamente humano da al traste con cualquier política enfocada a la reactivación de la sinuosa oferta, a menos que se considere en la dimensión apropiada. ¿Qué insinuamos? Que no basta con las bien intencionadas políticas financieras, también son necesarias las condiciones que estimulen la credibilidad en el mercado, la coherencia entre la comunicación y la ocurrencia de eventos, además del necesario equilibrio en el nivel medio de la sociedad, particularmente en el aspecto del gasto, desordenado en todos los niveles de la sociedad dominicana.
Los actores económicos deben sincerarse en la interacción social que acostumbran a diario. Esto, entendemos, sería a todas luces un buen inicio para el clima de confianza requerido. Digamos que la política financiera que emana del banco central y filtra por osmosis a la banca comercial requiere del contexto humano, de esto, cosa insólita, no se hace absolutamente nada. En este estado de cosas, la aleatoriedad de las políticas financieras es la característica predominante. Ponderado con objetividad, el margen de error se sitúa en quienes lo aplican: sólo son economistas.
A falta de políticas psico-economicas podemos inferir que la banca personal podría pasar por un descontrol inusual, contrastando con las expectativas de crecimiento justificadas en las estadísticas de los últimos años.
Los actores económicos deben sincerarse en la interacción social que acostumbran a diario. Esto, entendemos, sería a todas luces un buen inicio para el clima de confianza requerido. Digamos que la política financiera que emana del banco central y filtra por osmosis a la banca comercial requiere del contexto humano, de esto, cosa insólita, no se hace absolutamente nada. En este estado de cosas, la aleatoriedad de las políticas financieras es la característica predominante. Ponderado con objetividad, el margen de error se sitúa en quienes lo aplican: sólo son economistas.
A falta de políticas psico-economicas podemos inferir que la banca personal podría pasar por un descontrol inusual, contrastando con las expectativas de crecimiento justificadas en las estadísticas de los últimos años.