Quisiéramos saber en qué país del mundo opera un modelo económico como el siguiente; anotemos:
Rebaja sustancial de impuestos,
Reducción de los precios de combustibles,
Aumento de la producción,
Aumento de las importaciones,
Reducción de la prima del dólar,
Aumento de salarios,
Reducción del costo de transporte,
Abaratamiento del costo de la vida,
Aumento de la oferta de empleo,
Reducción de la deuda externa,
Reducción sustancial de la factura eléctrica, y otros por el estilo.
Todo esto se nos presenta materialmente opuesto a la realidad; un estado social de ensueño. El modelo en cuestión, ¿es práctico? ¿Hasta qué punto es viable el esquema modélico planteado?
Todo es posible. Observemos por ejemplo la reducción del costo de la vida. Particularmente nos referimos al costo de la canasta de consumo familiar; ¿realmente puede ir a la baja en nuestro país? Sería infeliz de nuestra parte admitir que frente a un consumo intensivo, el comercio local no se vea tentado a nivelar con alzas los precios de las mercancías y las expectativas de gastos de la población.
En innúmeras ocasiones los actores económicos y políticos se alejan subrepticiamente de la realidad circundante para optar por el discurso normativo; allí donde conviven los altos valores morales con las bajas pasiones, las realizaciones con las frustraciones, lo bello con lo feo, el lugar en donde cobra existencia las antípodas de la “Divina Comedia”, aquel escrito universal de Dante Alighieri.
Rebaja sustancial de impuestos,
Reducción de los precios de combustibles,
Aumento de la producción,
Aumento de las importaciones,
Reducción de la prima del dólar,
Aumento de salarios,
Reducción del costo de transporte,
Abaratamiento del costo de la vida,
Aumento de la oferta de empleo,
Reducción de la deuda externa,
Reducción sustancial de la factura eléctrica, y otros por el estilo.
Todo esto se nos presenta materialmente opuesto a la realidad; un estado social de ensueño. El modelo en cuestión, ¿es práctico? ¿Hasta qué punto es viable el esquema modélico planteado?
Todo es posible. Observemos por ejemplo la reducción del costo de la vida. Particularmente nos referimos al costo de la canasta de consumo familiar; ¿realmente puede ir a la baja en nuestro país? Sería infeliz de nuestra parte admitir que frente a un consumo intensivo, el comercio local no se vea tentado a nivelar con alzas los precios de las mercancías y las expectativas de gastos de la población.
En innúmeras ocasiones los actores económicos y políticos se alejan subrepticiamente de la realidad circundante para optar por el discurso normativo; allí donde conviven los altos valores morales con las bajas pasiones, las realizaciones con las frustraciones, lo bello con lo feo, el lugar en donde cobra existencia las antípodas de la “Divina Comedia”, aquel escrito universal de Dante Alighieri.