#220 LOS PROBLEMAS QUE NOS BUSCAMOS

En la década de los setenta con la guerra fría en sus buenas se implantó la llamada economía de guerra, que no era otra cosa que resistir ante los embates de coyunturas en extremo difíciles de reducción del gasto, ¿moraleja?: los problemas que vivimos son los problemas que nos buscamos.
El mensaje que envía el gobierno a la población es que hay que gastar menos, imponer el snob de la frugalidad y con esto tratar con más comprensión los subsidios para que duren más tiempo, sobre todo por la precedencia de la fiesta de gasto que hubo en la reciente campaña electoral que benefició grandemente a muy pocos, cuando no a los sacrificados de siempre: los que hacen del ejercicio de la política su modus vivendis.
Mientras tanto vemos con espanto la reducción drástica del consumo cuyo efecto no menos deseado es la estabilidad de los precios, qué ironía. El sector comercial se verá perjudicado por el nuevo costo del incremento de inventario. Esto como es lógico reduciría la reposición de mercancías y frenará bruscamente la velocidad de rotación, tumbándole el pulso a los beneficios esperados. El gobierno sale también perjudicado: esperemos una merma sustancial de las recaudaciones y por ende los aprestos irracionales de una reforma fiscal a “como de lugar”.
Si escudriñáramos la composición del gasto en un país como el nuestro me atrevería a anticipar que los bienes de la canasta familiar se chupan una gran proporción del circulante. Lo que quiero decir en otras palabras es que el uso común de la moneda dominicana se destina para la subsistencia. Pero hay obviamente otros efectos colaterales no menos importantes. Digamos que el crédito se reduce ostensiblemente llenando de disponibilidad las arcas bancarias.