#247 CARIZ DE LA INVERSIÓN REAL

La inversión, sobre todo si es extranjera, significa exportación, generación de divisas. Como mercado de consumo, el mercado dominicano es poco atractivo. Las mercancías que ingresan al territorio dominicano a titulo de importación corresponden a inversiones de nativos en su país de origen, o inversionistas foráneos establecidos en otras latitudes.
La inversión nativa con vocación exportadora es una casta con visos de idiosincrasia asentada en el desarrollo. Es escasa. En Republica Dominicana prácticamente no existe; lo que si existen son comerciantes, que no serían nunca exportadores a partir de esa plataforma. ¿Por qué? El comerciante es cortoplacista, opera –no necesariamente trabaja- sobre la base del mínimo esfuerzo, aspira a vivir de las facilidades, no tiene mística empresarial, y su mercado –no le interesa otro- es el nativo. Se desuella por las comodidades plus-burguesas, justificación más que suficiente para sentirse un ser realizado; aporta poco a la economía dominicana: pide, no da.
¿Cuál es el atractivo de Republica Dominicana para la inversión? Obviando el mercado de consumo por exiguo, reducido al 50% de su potencial actual por el esquema fiscalista vigente, además de las sobrecargas en gastos fijos en consumo energético, nos resta, lo reitero nuevamente, la ubicación geopolítica, pívot de gran alcance construido por la naturaleza, con acceso privilegiado en mercados como el americano (USA), Centro y Sur América, el Caribe y los mercados de Europa.
¿Habría otros atractivos para la inversión? Si apoyamos el desarrollo de la Educación a partir de la óptica exportadora, el futuro sería prometedor para la calidad de vida del dominicano. De lo contrario la frustración puede ser inminente porque el empresario nativo y zona franquista se desenvuelven a partir del empleo espurio.