Es sano revisar la economía isleña al empezar el año. Esto ayuda a volver a la realidad después de las fiestas navideñas. Anotemos:
Rebaja sustancial de impuestos. La expectativa es hacia el incremento, ¿habrá reforma en el futuro inmediato?
Reducción de los precios de combustibles. Esto y una veleta es lo mismo, en suma, el neto siempre es hacia el alza.
Aumento de la producción. Si hay un PIB en crecimiento sostenido, pero la duda se lo traga.
Aumento de las importaciones. Aquí es que está la fiesta de la economía. ¡Que Dios nos coja confesados!
Reducción de la prima del dólar. Ya hay algunos optimistas que afirman que el turismo es el motor de la economía.
Aumento de salarios. Somos pesimistas, nuestros empresarios siempre encuentran el argumento atinado para castigar el empleo.
Nos restaría la reducción del costo de transporte, abaratamiento del costo de la vida, aumento de la oferta de empleo, reducción de la deuda externa, reducción sustancial de la factura eléctrica, y otros por el estilo.
Todo es posible. Observemos por ejemplo la reducción del costo de la vida. Particularmente nos referimos al costo de la canasta de consumo familiar; ¿realmente puede ir a la baja en nuestro país? Sería infeliz de nuestra parte admitir que frente a un consumo intensivo, el comercio local no se vea tentado a nivelar con alzas los precios de las mercancías y las expectativas de gastos de la población. Esto así, visto los nuevos ingredientes de gasto que surgirían, sobre todo el aumento de consumo de los combustibles de uso diario. Sería obtuso negar que la población dominicana está embotada de medidas económicas adversas que dificultan el diario vivir, pero todavía se requiere de muchas voluntades para superarlas.
Rebaja sustancial de impuestos. La expectativa es hacia el incremento, ¿habrá reforma en el futuro inmediato?
Reducción de los precios de combustibles. Esto y una veleta es lo mismo, en suma, el neto siempre es hacia el alza.
Aumento de la producción. Si hay un PIB en crecimiento sostenido, pero la duda se lo traga.
Aumento de las importaciones. Aquí es que está la fiesta de la economía. ¡Que Dios nos coja confesados!
Reducción de la prima del dólar. Ya hay algunos optimistas que afirman que el turismo es el motor de la economía.
Aumento de salarios. Somos pesimistas, nuestros empresarios siempre encuentran el argumento atinado para castigar el empleo.
Nos restaría la reducción del costo de transporte, abaratamiento del costo de la vida, aumento de la oferta de empleo, reducción de la deuda externa, reducción sustancial de la factura eléctrica, y otros por el estilo.
Todo es posible. Observemos por ejemplo la reducción del costo de la vida. Particularmente nos referimos al costo de la canasta de consumo familiar; ¿realmente puede ir a la baja en nuestro país? Sería infeliz de nuestra parte admitir que frente a un consumo intensivo, el comercio local no se vea tentado a nivelar con alzas los precios de las mercancías y las expectativas de gastos de la población. Esto así, visto los nuevos ingredientes de gasto que surgirían, sobre todo el aumento de consumo de los combustibles de uso diario. Sería obtuso negar que la población dominicana está embotada de medidas económicas adversas que dificultan el diario vivir, pero todavía se requiere de muchas voluntades para superarlas.