La economía dominicana está amenazada por la descompensación, un virus que provoca desequilibrios, virus enquistado en el organismo económico, vive allí y tiene capacidad de autorreplicarse utilizando para ello los propios recursos de la economía. A todas luces es un virus patógeno, puede producir daños irreparables en todos los componentes de la economía, desde la estructura productiva, pasando por los agentes económicos, hasta distorsionar el ensamblaje financiero del país.
¿Cómo adquiere la economía el virus de la descompensación? Cuando comenzamos a contrabalancear o neutralizar distorsiones económicas con medidas artificiales, fantasiosas, sin apelar al desarrollo y fortalecimiento del organismo económico.
El virus económico desafiante se manifiesta como sombra al acecho en todas las actividades de la economía, debilitándola en el confrontamiento. La lógica indica que la economía autocompense las necesidades financieras originadas en el consumo sin recurrir a los fondos domésticos de previsión, esas reservas internacionales cuya opción es de situación extrema.
La descompensación es dolorosa y provoca ciclos de desequilibrio endémico. Observamos proclividad a la descompensación económica en periodos de campaña electoral. Bien o mal, se aboga por cambios drásticos en la configuración económica que enunciado provoca simpatía, pero que en la práctica resultaría en oscilaciones con perjuicio de las grandes mayorías. Se hace ejercicio de descompensación reduciendo o aumentando sin causa aparente impuestos o incentivos. Lo que se olvidan los proponentes es el efecto que provocaría en la economía dichas medidas y las condiciones de reequilibrio que se necesitarían para que operen con las expectativas planteadas.
La economía dominicana como cualquier otra tiene sus propias y peculiares estribaciones. Desconocerlas es jugar al virus de la descompensación.
¿Cómo adquiere la economía el virus de la descompensación? Cuando comenzamos a contrabalancear o neutralizar distorsiones económicas con medidas artificiales, fantasiosas, sin apelar al desarrollo y fortalecimiento del organismo económico.
El virus económico desafiante se manifiesta como sombra al acecho en todas las actividades de la economía, debilitándola en el confrontamiento. La lógica indica que la economía autocompense las necesidades financieras originadas en el consumo sin recurrir a los fondos domésticos de previsión, esas reservas internacionales cuya opción es de situación extrema.
La descompensación es dolorosa y provoca ciclos de desequilibrio endémico. Observamos proclividad a la descompensación económica en periodos de campaña electoral. Bien o mal, se aboga por cambios drásticos en la configuración económica que enunciado provoca simpatía, pero que en la práctica resultaría en oscilaciones con perjuicio de las grandes mayorías. Se hace ejercicio de descompensación reduciendo o aumentando sin causa aparente impuestos o incentivos. Lo que se olvidan los proponentes es el efecto que provocaría en la economía dichas medidas y las condiciones de reequilibrio que se necesitarían para que operen con las expectativas planteadas.
La economía dominicana como cualquier otra tiene sus propias y peculiares estribaciones. Desconocerlas es jugar al virus de la descompensación.