#315 DIMENSIÓN ECONÓMICA DE LA EDUCACIÓN

Tal como lo utilizamos, el indicador estadístico del PIB –Producto Interno Bruto- suma las transacciones comerciales que operan en la isla, estimado en tres mil seiscientos millardos de pesos, a razón de mil millones pesos por millardo. A todas luces es un ingreso que conlleva algunas observaciones. Pues, resulta que de estos ingresos se deduce la presión fiscal, estimada en dieciocho por ciento de esos ingresos, esto es, un quinto del PIB que se destinan a las arcas del gobierno. ¿Y el resto, el ochenta por ciento? Lo componen, por un lado, el retorno de la inversión –costos y gastos- y el correspondiente beneficio de los agentes económicos productivos.
¿Cuáles compromisos tiene el gobierno como prioridades? Tenemos la deuda externa e interna, pero sobre todo la deuda externa, condicionada, vigilada y supervisada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), equivalente a veinte millardos de dólares, con tendencia a seguir creciendo, una cifra asintótica resultado del modelo económico vigente.
Veamos los valores que absorbe el actual organismo educativo, tal como está, sin las modificaciones que concretan los actuales objetivos formativos, harto cuestionados. Pues, resulta que no se han definido los nuevos objetivos educativos así como sus costos correspondientes, más el impacto que se busca en la economía. Sin estos aspectos el cuatro por ciento del PIB, equivalente a ciento cuarenta y cuatro millardos de pesos, el treinta y tres por ciento del presupuesto de la nación, luce fofo, sin sentido, aunque oportuno, el sólo planteamiento del volumen en cuestión luce una inequidad, fuente de oportunismo, revestido de sanas intenciones, como aquel pedregal que cual vía conduce a las cavernas.