#314 EL MODELO ECONÓMICO VIGENTE

El modelo económico de la isla, el que tenemos activo, que avalan los gobiernos de turno y santiguan los organismos internacionales financieros, han conformado un ejercito enorme de consumidores sin ningún soporte productivo, me refiero a la inexistencia del patrimonio generador propio de ingresos y reservas de la nación.
En el modelo en cuestión opera de manera protagónica el turismo, las empresas foráneas de zona franca, y el comercio, todos revestidos de inversión extranjera, establecidos en la isla precisamente por el incentivo de la exención fiscal, figura financiera nefasta que no retribuye absolutamente nada al Estado, repatriando los ingresos y beneficios que generan en el territorio nacional. ¿Cuál es el requisito que se les exige? Que utilicen mano de obra dominicana para sus operaciones, empleo convertido ipso facto en consumidores que estimulan y sostienen la política agresiva de importaciones, flujo creciente de mercancías de manufactura extranjera por la que se paga en dólares que no producimos. Lo lógico sería amortiguar la importación masiva con exportación de bienes producidos por la actividad fabril isleña, empero, ésta es inexistente, deliberadamente satanizada por intereses económicos oscuros. En suma, el desarrollo de una política económica dirigida a promover las exportaciones no tiene cabida en el modelo económico vigente.
Mientras tanto los gobiernos de turno gestionan deudas para sostener el cúmulo de importaciones, y amortizar la deuda vencida. Los economistas se han convertido en especialistas de la ingeniería financiera, en pos del sostenimiento de los gastos, ingresos y deuda externa del modelo económico vigente. Las reformas fiscales son estructuradas alrededor del consumo, de ahí surge la creciente presión tributaria, más del treinta por ciento de los ingresos de la población económicamente activa.
La promoción de la educación es correcta, pero en el modelo económico vigente en la isla es demagogia, debido a que atenta los intereses económicos predominantes, que sólo requieren de mano de obra espuria, esto es, barata y sin preparación.