#323 EL PODER FÁCTICO DEL SALAMI

Es inmenso, diríamos que está involucrada toda la economía, desde la poderosa industria cárnica dominicana, hasta el mercado integro de consumidores isleños –asunto de una enraizada cultura culinaria caribeña- sin descartar las instancias oficiales.

El poder fáctico en su conjunto ha rechazado el reciente informe sobre la paupérrima calidad en que está envuelta la industria de embutidos –el salami y gama de presentaciones- cuestionamiento ríspido de la composición de la materia prima e insumos, acto de extrema valentía la de Pro Consumidor, preñada de una insólita y escasísima honestidad. ¿El resultado? Pro Consumidor ha sido aislada, se ha quedado sola, convirtiendo su posición en un acto quijotesco, la lucha contra los molinos de viento.

Los recursos fácticos son irónicos, o por el contrario ocultan la inoperancia de las instituciones oficiales pertinentes, dándose por sorprendidos al no notificarlos, como si debiera recordárseles sus responsabilidades. La coprofagia inducida se utiliza a modo de un motivo risible, pregunto: ¿será de impotencia? En gente que se complace en sus enfermedades en gestación.

Existe, es más que obvio, vocación industrial en la elaboración de productos cárnicos, el sector en cuestión es amplia y creciente. Si el enfoque se situara en la mejora seria y decidida de la calidad del salami, no tenemos ninguna duda en que reconvertiríamos el sector, hoy estremecedoramente cuestionado, en una oferta de exportación. Aún nos falta un largo trecho, pero las cimientes están ahí. Si algo causa daño irreparable a los productos cárnicos al extremo de hacerlos desaparecer es aferrarse irracionalmente al desprotegido mercado isleño.