El planteamiento básico al que nos queremos referir es
la vinculación entre educación y economía, particularmente lo relativo a su
enfoque, a pelo con la demanda insatisfecha del cinco por ciento del PBI, cuyo destino
sería el sector educativo, en tácita disociación con la redención del empleo
insatisfecho, redundado directamente en políticas económicas, dado cierto nivel
de eficiencia de la producción.
Los trabajos sobre Capital Humano de Gary Becker,
premio Nobel de Economía en 1992, postula que la gente acumula durante su ciclo
de vida un cierto nivel de capital humano que consiste en conocimientos,
experiencias y habilidades, particularmente con sistemas formales de educación.
Para ilustrar este presupuesto Becker refiere la productividad de los agentes
económicos y la producción de bienes y servicios de una economía determinada,
vinculadas al capital humano acumulado con que cuenta un país en el lapso de un
periodo de tiempo determinado. La conclusión ineludible afirma que el bienestar
de los individuos no es posible sin alcanzar un considerable nivel educativo.
De ahí que la educación es un elemento de fundamental importancia para la
comprensión de los procesos económicos.
Se pensaría que con el apalancamiento de los ingresos
en el sector educativo se reduciría la delincuencia, el nivel de analfabetismo,
y la iniquidad en la redistribución de los ingresos del producto económico,
argumento conexo éste, que no tendría relevancia per se sin el impacto a la producción,
fruto de un salto cualitativo en el desarrollo económico. Si no es así, estamos
jugando a la demagogia económica, crítico el destino del pueblo dominicano que
no se merece ese futuro tan incierto.