No cabe la menor duda que el discurso del ex-presidente
Fernández en la 62 Asamblea General de la ONU aún está vigente, no tanto por el
contenido de los temas que trató, si no la forma en que lo expresó, los ribetes
utilizados, poco usuales para este tipo de escenario.
La cita del desconocido agricultor Félix David García
Peña, la solicitud de “comercio justo” perturba; inquieta en momentos que están
en desarrollo los bloques comerciales a través de la suscripción de sendos
convenios de Libre Comercio. Félix David García Peña aparece salido de una
novela, convertido en una expresión literaria, trabado en la maraña de un drama,
el drama de producir en la pobreza.
La mención de organismos internacionales para configurar
la pobreza es abrumadora, incuestionable, henchida de credibilidad;
característica indubitable de los pueblos latinoamericanos; una impronta
pretendidamente deleznable, no avizorada
en el futuro inmediato.Cuando leemos reflexivamente los aspectos del
comercio internacional del escrito en cuestión no dejamos de pensar en un
embudo -cono rematado en canuto para transvasar líquidos-, el comercio entre
naciones desarrolladas y subdesarrolladas; mientras más comercio introducen por
la entrada ancha, más drenan pobreza por la salida angosta. Esto deviene de la
desigualdad comercial, el notorio desnivel competitivo del comercio
internacional manifestado en injusticia social. El libre comercio se ha
convertido en una herramienta proteccionista para los productores de países
desarrollados garantizándoles altos volúmenes de ventas, no sujeto a
competidores de alto nivel. La competitividad de
las empresas de zonas francas sólo incide directamente en el empleo. Los países
asiáticos como el caso de China exponen la economía de escala y precios bajos
como ventajas competitiva. Respecto a la eliminación del subsidio de
exportación de la leche en Europa, además del aumento de los precios del maíz,
sorgo y trigo, en otras palabras la pérdida de capacidad competitiva, creemos
que esta situación lejos de perjudicar a los países importadores, estimula la
producción local, además del incremento de consumo de productos sustitutos.