Se dice con mucha insistencia que la puesta en vigencia de un TLC (Tratado de Libre Comercio) como el RD-CAFTA u otro sería una catástrofe para el aparato productivo nacional, ¡craso error!, y quiero explicarme porque el TLC, lejos de ser una amenaza, viene a corregir una endémica distorsión económica cuasi estructural, que el empresariado dominicano y los gobiernos de turno nunca han tomado en cuenta y no la han mirado ni con el rabillo de los ojos. Me refiero al enfoque correcto, al papel esencial de dirigir las inversiones hacia el mercado externo. Ya en la década de los sesenta del siglo pasado los países del este asiático, con economías pequeñas como la dominicana, enfocaban sus economías hacia fuera, partiendo obviamente de una matriz de producción local, pero en lo que se refiere al aspecto comercial sabían, y no se equivocaban, que las inmensas oportunidades estaban fuera de sus fronteras, que no garantizaban ningún tipo de desarrollo significativo el orientar la comercialización de sus esfuerzos empresariales hacia dentro, esto solo les planteaba un país pobre y dependiente.
El empresario local no le gusta, no apoya ningún TLC porque cree que es un instrumento de usurpación, una sustracción de los consumidores dominicanos a favor de las empresas foráneas, el mercado en otras palabras, un derecho que legítimamente les pertenece y no están en actitud de negociar ese consumo, la decisión de gasto del comprador dominicano. Mientras se piense así seremos victimas de nuestros propios prejuicios, de nuestra escasa cultura empresarial. República Dominicana está acercándose indefectiblemente a la liberalización y a la globalización. Aunque muchos otros factores también pueden influir en la producción, un buen ambiente para la inversión es definitivamente un requisito previo para el desarrollo de los recursos para la producción. Con la incursión de naciones como China al esquema de Zona Franca, países como la República Dominicana están perdiendo aceleradamente la ventaja comparativa de la mano de obra barata. Por lo tanto los avances empresariales tendrán que depender de la tecnología, la formación, y la técnica para competir con éxito. Mientras nuestra economía no se acerque al estado de madurez, tendremos serias dificultades de orientarnos al exterior. Los bloques económicos regionales están surgiendo en todo el mundo, caracterizándose por operar como una entidad única, obviamente este ambiente global nos exige interactuar al mismo nivel y con acceso a oportunidades similares, claro si desde ya corregimos nuestras distorsiones.
El empresario local no le gusta, no apoya ningún TLC porque cree que es un instrumento de usurpación, una sustracción de los consumidores dominicanos a favor de las empresas foráneas, el mercado en otras palabras, un derecho que legítimamente les pertenece y no están en actitud de negociar ese consumo, la decisión de gasto del comprador dominicano. Mientras se piense así seremos victimas de nuestros propios prejuicios, de nuestra escasa cultura empresarial. República Dominicana está acercándose indefectiblemente a la liberalización y a la globalización. Aunque muchos otros factores también pueden influir en la producción, un buen ambiente para la inversión es definitivamente un requisito previo para el desarrollo de los recursos para la producción. Con la incursión de naciones como China al esquema de Zona Franca, países como la República Dominicana están perdiendo aceleradamente la ventaja comparativa de la mano de obra barata. Por lo tanto los avances empresariales tendrán que depender de la tecnología, la formación, y la técnica para competir con éxito. Mientras nuestra economía no se acerque al estado de madurez, tendremos serias dificultades de orientarnos al exterior. Los bloques económicos regionales están surgiendo en todo el mundo, caracterizándose por operar como una entidad única, obviamente este ambiente global nos exige interactuar al mismo nivel y con acceso a oportunidades similares, claro si desde ya corregimos nuestras distorsiones.