El debate actual que ocupa el interés de los medios locales se centra en la realidad de las estadísticas del empleo de las empresas que operan en el régimen de zonas francas. Esta discusión se valida a la luz de la débil consistencia de las estadísticas del Banco Central, responsable de la Encuesta Nacional de la Fuerza de Trabajo, el ENFT, en oposición a los datos del mercado de trabajo que ostenta el Consejo Nacional de Zonas Francas. La disparidad está en el orden de los nueve mil empleos, reducción que se explica en la deserción de empresas de ese sector a otras latitudes, probablemente Centro América, que le garanticen costos más competitivos de mano de obra, en otros términos, más empleo espurio.
Poco o nada se dice de los niveles de rentabilidad de las empresas de Zonas Francas, pues si el costo de producción juega su papel, la viabilidad de la rentabilidad debe contar además con el esquema comercial, los negocios que realizan, sin los cuales de nada serviría la movilidad del que hacen gala con paridades de cambio en su opinión desfavorables. Con este factor hay que contar al momento de evaluar la situación de las empresas de Zonas Francas y su capacidad de absorción de mano de obra local, que por cierto al momento no es la mejor preparada del país. Este último comentario tiene sus implicancias que se reflejan en la curva de experiencia acumulada de los recursos humanos, y que a la postre es lo que se cosecha y tiene trascendencia en cuanto a la calidad de la cultura empresarial dominicana.
A lo que me quiero referir es al crecimiento o no del empleo global o general del país, y aun más si el incremento de la tasa de empleo en el mercado de trabajo es concomitante con el aumento de la dinámica de la demanda agregada, estos es, el crecimiento del PIB. Digo esto porque una cosa va con la otra y obedece a la nueva dinámica de la economía, la que va adoptando, obviamente más intensa.
Existen varios conceptos de “pleno empleo”, pero me referiré al concepto intuitivo y al concepto keynesiano, que a la postre es el que muestra más vigencia. El pleno empleo para el común de la gente es un estado ideal en el que todos tenemos acceso al mercado laboral. El pleno empleo en otro ámbito conceptual es la porción de gente ocupada y que obviamente puede incorporarse a los niveles de consumo que le permiten sus salarios reales, esto es, el salario indexado por la tasa de inflación, además de otros factores extra económicos como sería el caso de las tasas impositivas aplicadas al salario por el gobierno. De ahí que el pleno empleo en nuestro país adopte características particulares que no se reflejan necesariamente en el aumento de la demanda agregada.
No obstante hay cuestionamientos obvios en nuestra economía, por ejemplo si se defiende tanto el empleo de las empresas de Zonas Francas, sería lógico pensar que un aumento de la paridad no beneficiaría en absoluto a la población, y es obvio que se reduciría el empleo debido al constreñimiento de la demanda.
Poco o nada se dice de los niveles de rentabilidad de las empresas de Zonas Francas, pues si el costo de producción juega su papel, la viabilidad de la rentabilidad debe contar además con el esquema comercial, los negocios que realizan, sin los cuales de nada serviría la movilidad del que hacen gala con paridades de cambio en su opinión desfavorables. Con este factor hay que contar al momento de evaluar la situación de las empresas de Zonas Francas y su capacidad de absorción de mano de obra local, que por cierto al momento no es la mejor preparada del país. Este último comentario tiene sus implicancias que se reflejan en la curva de experiencia acumulada de los recursos humanos, y que a la postre es lo que se cosecha y tiene trascendencia en cuanto a la calidad de la cultura empresarial dominicana.
A lo que me quiero referir es al crecimiento o no del empleo global o general del país, y aun más si el incremento de la tasa de empleo en el mercado de trabajo es concomitante con el aumento de la dinámica de la demanda agregada, estos es, el crecimiento del PIB. Digo esto porque una cosa va con la otra y obedece a la nueva dinámica de la economía, la que va adoptando, obviamente más intensa.
Existen varios conceptos de “pleno empleo”, pero me referiré al concepto intuitivo y al concepto keynesiano, que a la postre es el que muestra más vigencia. El pleno empleo para el común de la gente es un estado ideal en el que todos tenemos acceso al mercado laboral. El pleno empleo en otro ámbito conceptual es la porción de gente ocupada y que obviamente puede incorporarse a los niveles de consumo que le permiten sus salarios reales, esto es, el salario indexado por la tasa de inflación, además de otros factores extra económicos como sería el caso de las tasas impositivas aplicadas al salario por el gobierno. De ahí que el pleno empleo en nuestro país adopte características particulares que no se reflejan necesariamente en el aumento de la demanda agregada.
No obstante hay cuestionamientos obvios en nuestra economía, por ejemplo si se defiende tanto el empleo de las empresas de Zonas Francas, sería lógico pensar que un aumento de la paridad no beneficiaría en absoluto a la población, y es obvio que se reduciría el empleo debido al constreñimiento de la demanda.