Existe la práctica de evaluar el tamaño de los mercados para orientar los capitales foráneos, particularmente aquellos capitales que se dirigen a la industria, en contraposición con aquellos capitales en esencia financieros y cuyo status se desenvuelve en inversiones secundarias o derivadas, llámense inversiones en bonos, colocación de créditos, desde ya capitales especulativos, otros le llaman capitales parasitarios, cortoplacistas y de alto rendimiento, con los cuales el país ha tenido experiencias recientes, recuerden los bonos soberanos.
El mercado dominicano es clasificado como pequeño, no alcanza los cuatro millones de consumidores reales, los seis millones restantes son consumidores dependientes y por ende se reducen en agentes económicos nominales, conocidos como motivadores de consumo. En tal sentido es una categoría de consumo liviana o Light, poco atractiva para los inversionistas extranjeros, son los llamados mercados potenciales de bajo rendimiento. Sin embargo se añade un nuevo ingrediente al momento de evaluar el mercado, esto es el potencial de acceso a nuevos mercados, considerando los privilegios con que cuenta el país objeto de inversión.
El otro aspecto que incide en la Inversión Extranjera es el contexto político, además del modelo económico que respaldarían los capitales foráneos.
Debemos hacer la salvedad que la Inversión Extranjera lo componen capitales que tienen su sede en otras naciones, y por tanto canalizan sus beneficios fuera de la República Dominicana. Pero entonces, ¿el flujo de divisas que produce la inversión extranjera? La realidad es que si hay exportaciones las divisas no pasan por el país. La Ley 16-95 sobre inversión extranjera tiene un vacío en cuanto a que no observa la recurrencia de divisas provenientes de la comercialización internacional de mercancías que se originan en nuestro país.
Un planteamiento muy oportuno en estos momentos pondera la Inversión Extranjera no solo a una simple transferencia de capital, sino al fomento de la transformación de la estructura productiva del país receptor con el objetivo de insertarlo a los mercados internacionales con competitividad. Esta inserción debe ir acompañada de políticas macroeconómicas que promuevan el encadenamiento productivo entre los diferentes sectores económicos nacionales y se diversifiquen las alianzas con otros países, en el marco de incentivos prudentes sin desmedro de la soberanía nacional.
El mercado dominicano es clasificado como pequeño, no alcanza los cuatro millones de consumidores reales, los seis millones restantes son consumidores dependientes y por ende se reducen en agentes económicos nominales, conocidos como motivadores de consumo. En tal sentido es una categoría de consumo liviana o Light, poco atractiva para los inversionistas extranjeros, son los llamados mercados potenciales de bajo rendimiento. Sin embargo se añade un nuevo ingrediente al momento de evaluar el mercado, esto es el potencial de acceso a nuevos mercados, considerando los privilegios con que cuenta el país objeto de inversión.
El otro aspecto que incide en la Inversión Extranjera es el contexto político, además del modelo económico que respaldarían los capitales foráneos.
Debemos hacer la salvedad que la Inversión Extranjera lo componen capitales que tienen su sede en otras naciones, y por tanto canalizan sus beneficios fuera de la República Dominicana. Pero entonces, ¿el flujo de divisas que produce la inversión extranjera? La realidad es que si hay exportaciones las divisas no pasan por el país. La Ley 16-95 sobre inversión extranjera tiene un vacío en cuanto a que no observa la recurrencia de divisas provenientes de la comercialización internacional de mercancías que se originan en nuestro país.
Un planteamiento muy oportuno en estos momentos pondera la Inversión Extranjera no solo a una simple transferencia de capital, sino al fomento de la transformación de la estructura productiva del país receptor con el objetivo de insertarlo a los mercados internacionales con competitividad. Esta inserción debe ir acompañada de políticas macroeconómicas que promuevan el encadenamiento productivo entre los diferentes sectores económicos nacionales y se diversifiquen las alianzas con otros países, en el marco de incentivos prudentes sin desmedro de la soberanía nacional.