#61 SUBVALUACION O SOBREVALUACION DEL PESO DOMINICANO

Es obvio que el peso dominicano está manipulado, está frizado, ¿congelado? pues si. De hecho esta circunstancia tiene muchas implicaciones, quizá la más dramática sitúa la economía dominicana suspendida en el aire, en condición de sobrevuelo. Hay quienes afirman que en esta situación no puede mantenerse por mucho tiempo; entonces cabe esperar en cualquier momento un aterrizaje forzoso, ¿cuándo, de qué tipo, con qué intensidad? A pesar de nuestras sospechas, no lo sabemos. Particularmente, a la luz de la sobrevaluación del peso, ¿Cuál será el impacto del aterrizaje de la economía dominicana? Para elucubrar necesariamente debemos contar con experiencias acaecidas en otras economías del mundo.
Es preciso afirmar que cuando subvaluamos la moneda local estamos promoviendo las exportaciones, en nuestro caso el turismo, aplicando además respiración artificial a la alicaída zona franca. Ocurre lo inverso cuando sobrevaluamos la moneda: se abaratan las divisas –el dólar y el euro- privilegiando las importaciones. En otras palabras, la economía de la República Dominicana, bajo esta última condición, muestra un ambiente muy propicio de crecimiento en base a las importaciones. No nos equivocamos; ahí está el informe reciente del comportamiento de la actividad económica, presentado por el gobernador del Banco Central.
Con esto de las importaciones la situación no se le ha ido de las manos al gobierno de turno por el tipo de política fiscal que está aplicando; digamos que el consumo está intervenido, ¿controlado?, bueno, es cuestión de escrúpulos. Sin embargo, el consumidor dominicano todavía dispone de una reducida pero significativa decisión de consumo, aunque de una fracción diezmada, el llamado ingreso real frente al espejismo del ingreso nominal, digamos que el ingreso real anda hoy por hoy cerca del 30% de su valor nominal, el 70 % restante no solo está en impuesto directos, la mayoría son impuestos indirectos más el valor inflado de la distribución, el sector identificado como “el azote de Dios”, supermercados y colmados caracterizados por la ambición desmedida en las ganancias.
La salida correcta de la paridad del peso con las divisas fuertes –dólar y euro- está en el comercio internacional, pero ¿el gobierno se dirige en ese sentido? El comercio internacional es sumamente provechoso, no solamente para enfrentar distorsiones en los precios, disminución de satisfacción y bienestar de los consumidores, sino para una sana y transparente economía monetaria.