#90 ASOCIACION DOMINICANA DE CONSUMIDORES Y USUARIOS

Su presencia podría ser una conjetura, de hecho la ADCU lo sería hasta prueba en contrario. Las denuncias, el aislado sentido de su existencia, aceitan el decurso serpenteante de este raro engendro. La “adecu”, así suena en el recalcado marasmo del tablado económico local. Su misión es más que suficiente, el chivatazo público, ubérrima por demás frente a la economía rosa del descontento en que opera la redención de los “sin pena”, el ejercito de infortunados, esa martirizada mezcla de consumidores y usuarios. El planteamiento encaja en el lance persistente, habiendo aun el código de precedentes, esa imaginaria institucionalidad a los que todos sin excepción tenemos derecho. Los asuntos de consumo atañen a todos, tamaña debilidad para el acuerdo. Empero, el consumidor luce amorfo, desmedido, victima de sus pasiones, cuando no la fruición los debilita, la apología al gusto presume insuperable. Quién se atreve a discurrir ante semejante evento, carente de argumentos sin ninguna discusión; fenómeno, el gusto, tan cerca de las necesidades vitales, con seguridad mas de uno se confunde, sino todos. Resulta ser que sin proponerse, la naturaleza le ha dado al comercio una patente de corso. Bajo algún interés particular, el marketing, a cuenta de los influjos publicitarios de la persuasión, intenta difícilmente desbravarla, la engañifa de poco sirve. El gusto se ha convertido en una corriente social al servicio de las fuerzas de la oferta y demanda, quién mejor que la Economía para encausarla. La fila es larga, al revisarla nos encontramos con “de todo”, desde la habichuela al detalle, sin olvidar el pote de romo, para terminar con la aspiración del pobre, la soñada yipeta. La irracionalidad del consumidor, el postulado más aventajado de Adam Smith, lo afirmaba sin tapujos, con la lógica incomprensible de los que hablan sin decir, pretenciosos aquellos que hasta ahora lo cacarean. El campesino, a diferencia del habitante urbano, poco o nada le interesa los argumentos de los “adecusistas”. Embriagados por el trabajo de la tierra, la modesta existencia es la fiel compensación de sus denuedos. ¿De algo le sirve la conquista de precios justos? La tradición los sume en el olvido de cualquier reivindicación social. La noticia de “…la subida del precio de los alimentos no beneficiará a los agricultores del país”, es una sentencia socorrida en todo momento. “No seas perezoso, cambia lo que acabas de comprar, haz uso de la garantía, no te de pereza volver, protesta si no estás contento, pide presupuesto, si falta alguna pieza, si no cumplen lo que prometen denuncia”, fin de la oda.