Lamentablemente se ve en todo. Nadie entiende ni cree en resultados, en concreciones más allá de cinco años. El dominicano luce impaciente, sufre el síndrome del presente, todas sus acciones las quiere enmarcar en lo inmediato, en un afán enfermizo por renunciar al futuro. Por el inmediatismo coincide con la lucha por la subsistencia que no ve más allá del presente. Cuando analizamos esta óptica económica, las estadísticas suelen enviar mensajes dramáticos. Por ejemplo el 75% de la población dominicana, menor de treinta años, busca afanosamente la realización de sus sueños mercantilistas en el corto plazo, conocen poco o casi nada otro tipo de concreción, que las hay y muchas, las aspiraciones materiales lo sumen en el mundo vital de no más de un metro de distancia. No los culpo, la globalización en que estamos harto inmersos, empezando por la Internet, conlleva todo tipo de condicionamientos en esa dirección. Si nos ponemos a revisar las estadísticas de vehículos de lujos –las cito porque son elocuentes al momento de interpretar las expectativas emocionales en el ámbito local- causa asombro y tirria por lo desorbitada de la acotación. Es curioso, pero en naciones como España por ejemplo los vehículos pequeños y de bajo consumo de combustible –los llamados carros utilitarios- tienen una extraordinaria aceptación en todos los niveles sociales. Los datos de la población en la composición de la pirámide poblacional como el citado arriba es obviamente otro e inverso, la población mayor de treinta años está estimada en un 80%. En el ejercicio de la política vernácula las expectativas tienen ribetes racionales, pero no dejan de ser decididamente emocionales. La campaña electoral del Presidente Fernández está delineada por una oferta de largo plazo basada en toda una parafernalia vial en el interior del país, teniendo el súmmum en la capital de la república con el mega proyecto del Metro. Si partimos de las expectativas racionales esto tendría mucho sentido y auguraríamos un rotundo éxito en las elecciones de Mayo venidero, pero cuidado con las expectativas emocionales. Apuesto a que esta oferta no ha calado tanto como se esperaba en el animo de la gente porque la decodifican como algo deseado, un sueño, un estado ideal de cosas, descritas en este momento con palabras. El largo plazo a diferencia del corto plazo permite incursionar en los grandes cambios, en los saltos cualitativos de carácter económico, el cambio drástico del nivel de vida. La opción paralela, la del PRD, transita los vericuetos corto placista, con temas económicos teóricamente encontrados, una severa prueba a la racionalidad.