La Economía tiene múltiples ángulos de riqueza indiscutible para el ejercicio conceptual, empero difícilmente ninguno de estos podría alejarse de la cotidiana praxis económica, el dilema central del diario vivir.
La observación parte de la simbiosis ideal -¿idealizada?- la reconocida y mal llevada dualidad teoría-practica. Y la violencia, ¿qué? Me refiero a la violencia en el contexto de la Economía, aquella alteración del natural estado, situación o modo de la estructura u orden de las cosas.
¿Tiene sentido la violencia en la Economía?
Por su recurrencia y elevado nivel de permeabilidad debemos estudiarla constantemente. Digamos que la violencia y la economía están emparentadas, exhibiendo continuos y endémicos desequilibrios, visos de una disciplina que se reinventa en cada instante.
Difícilmente el equilibrio perdure en un lapso de tiempo, en todo caso viene a ser el síntoma del momento. En cambio el desequilibrio, esa violencia manifiesta, ruidosa y exacerbante, cuenta en cada instante; configura la sombra de la Economía, su ineluctable compañera. ¿Luchar con esto? Los economistas afanan, se realizan en la fruición del trapecista, ¿caer al abismo? La caída les resulta más dura que el golpe; buscando incesantemente lo imposible se ven atrapados en el incontrovertible espejismo económico: el ideal del equilibrio.
Uno de los fenómenos que provoca mayor violencia en la economía es la desinformación, la llamada asimetría de la información. Si algo le debemos a la desinformación es mucho de la inflación del cual somos victimas. Quién no ha sido objeto de la desproporción del precio de alguna mercancía por no estar en el lugar y tiempo oportuno. A fin de cuentas no le damos mayor importancia a los insumos de la orientación, que a la postre lo pagamos con creces por carecer de éstas cuando la necesitamos. Cruda realidad. Los comerciantes saben que existe en nuestro medio el apremiante deseo de gastar, más que de comprar que es muy diferente, y que todos los mercados de consumo adolecen de asimetría en la información. Si los compradores conociesen a los vendedores que ofertan los bienes que desean adquirir, no habría margen alguno para que ocurra la deformación de los precios por esta vía. Mientras más asimétrica es la información prevaleciente en la economía más sobreprecio estará usted dispuesto a pagar.
La observación parte de la simbiosis ideal -¿idealizada?- la reconocida y mal llevada dualidad teoría-practica. Y la violencia, ¿qué? Me refiero a la violencia en el contexto de la Economía, aquella alteración del natural estado, situación o modo de la estructura u orden de las cosas.
¿Tiene sentido la violencia en la Economía?
Por su recurrencia y elevado nivel de permeabilidad debemos estudiarla constantemente. Digamos que la violencia y la economía están emparentadas, exhibiendo continuos y endémicos desequilibrios, visos de una disciplina que se reinventa en cada instante.
Difícilmente el equilibrio perdure en un lapso de tiempo, en todo caso viene a ser el síntoma del momento. En cambio el desequilibrio, esa violencia manifiesta, ruidosa y exacerbante, cuenta en cada instante; configura la sombra de la Economía, su ineluctable compañera. ¿Luchar con esto? Los economistas afanan, se realizan en la fruición del trapecista, ¿caer al abismo? La caída les resulta más dura que el golpe; buscando incesantemente lo imposible se ven atrapados en el incontrovertible espejismo económico: el ideal del equilibrio.
Uno de los fenómenos que provoca mayor violencia en la economía es la desinformación, la llamada asimetría de la información. Si algo le debemos a la desinformación es mucho de la inflación del cual somos victimas. Quién no ha sido objeto de la desproporción del precio de alguna mercancía por no estar en el lugar y tiempo oportuno. A fin de cuentas no le damos mayor importancia a los insumos de la orientación, que a la postre lo pagamos con creces por carecer de éstas cuando la necesitamos. Cruda realidad. Los comerciantes saben que existe en nuestro medio el apremiante deseo de gastar, más que de comprar que es muy diferente, y que todos los mercados de consumo adolecen de asimetría en la información. Si los compradores conociesen a los vendedores que ofertan los bienes que desean adquirir, no habría margen alguno para que ocurra la deformación de los precios por esta vía. Mientras más asimétrica es la información prevaleciente en la economía más sobreprecio estará usted dispuesto a pagar.