A cuenta de la crisis actual de la economía, la República Dominicana se expone a adoptar políticas de mercado divorciadas de la coyuntura comercial predominante en el planeta. “Consuma lo que el país produce”; otra cita, “el producto nacional para el mercado nacional”. Ajeno a la realidad es el comercio excluyente cuando la prudencia recomienda que la mercancía nativa pase por la valoración internacional en los llamados intermercados.
Otras naciones, en este caso Venezuela opta por la estatización del tinglado productivo para enfrentar un torrencial proceso inflacionario de impredecibles consecuencias. A la revolución chavista le ha resultado infructuosa toda medida tendente a enfrentarla, alejándose peligrosamente de los principios esenciales de mercado que operan en una economía. El recurso de la estatización que busca el efecto de la regulación de la oferta no ha podido detener el crecimiento desordenado de los precios.
Sin embargo no todo es malo. Es necesario que la población y los empresarios vivan la experiencia recesiva. Es la manera de vacunarse en un medio económico adverso. Aunque parezca cruel, es la vía expedita que transita toda curva de experiencia, y la República Dominicana no es ajena a esta realidad.
A pesar de los comentarios en cuestión persiste la ansiedad en la población que deriva en miserias. La gente frente a las dificultades aspira a ser rica, darían lo que tuvieran por disponer de enormes sumas de dinero, quizá estarían dispuestas a regalar algunos años de su vida. Eso no importaría si para ello accedemos al mundo de la opulencia. No olvidemos que todo gira alrededor del mercado, sobre todo la aspiración desmedida del consumo.
Otras naciones, en este caso Venezuela opta por la estatización del tinglado productivo para enfrentar un torrencial proceso inflacionario de impredecibles consecuencias. A la revolución chavista le ha resultado infructuosa toda medida tendente a enfrentarla, alejándose peligrosamente de los principios esenciales de mercado que operan en una economía. El recurso de la estatización que busca el efecto de la regulación de la oferta no ha podido detener el crecimiento desordenado de los precios.
Sin embargo no todo es malo. Es necesario que la población y los empresarios vivan la experiencia recesiva. Es la manera de vacunarse en un medio económico adverso. Aunque parezca cruel, es la vía expedita que transita toda curva de experiencia, y la República Dominicana no es ajena a esta realidad.
A pesar de los comentarios en cuestión persiste la ansiedad en la población que deriva en miserias. La gente frente a las dificultades aspira a ser rica, darían lo que tuvieran por disponer de enormes sumas de dinero, quizá estarían dispuestas a regalar algunos años de su vida. Eso no importaría si para ello accedemos al mundo de la opulencia. No olvidemos que todo gira alrededor del mercado, sobre todo la aspiración desmedida del consumo.