¿Qué calidad tiene el empleo basado en la importación con respecto al empleo estructurado en la exportación? No resiste discusión ni análisis. La calidad de vida del empleo que deviene del aparato productivo exportador aplica el adjetivo de superbo, derivando en un PIB consistente a toda prueba.
¿Qué ocurre con el tipo de empleo en la República Dominicana? Es distorsionante. En su gran mayoría la gente trabaja en actividades que no le agregan valor a la economía. Así la economía se torna endeble. Observamos por ejemplo cómo el comercio de bienes usados, de origen importados, provoca una crisis innecesaria. La gente que opera en el comercio improductivo es mucha.
La crisis económica actual de tipo recesiva puede ser oportuna si la aprovechamos para el relanzamiento del aparato productivo dominicano. En lo inmediato cabe redimensionar el escenario del comercio local. Es un error de proporciones concebir que sólo estamos habilitados a comercializar en los cuarenta y ocho mil kilómetros cuadrados, y transar con diez millones de habitantes que ocupa dicha extensión geográfica, que se transforma, como lo hemos venido diciendo en reiteradas oportunidades, en tres millones de consumidores y siete millones de dependientes. Es urgente evaluar las necesidades de consumo de la diáspora dominicana en donde se encuentre, poco importa lo alejado que resida. En el mismo orden los requerimientos potenciales de los mercados del entorno, no sólo de Haití. Ahí tenemos el Caribe franco-anglófono y centro América, mercados que multiplicarían nuestro pleno empleo a volúmenes insospechados. Requerimos inversión y una estructura financiera orientada al crédito productivo en función de los mercados citados, esto es, una banca de divisas.
¿Qué ocurre con el tipo de empleo en la República Dominicana? Es distorsionante. En su gran mayoría la gente trabaja en actividades que no le agregan valor a la economía. Así la economía se torna endeble. Observamos por ejemplo cómo el comercio de bienes usados, de origen importados, provoca una crisis innecesaria. La gente que opera en el comercio improductivo es mucha.
La crisis económica actual de tipo recesiva puede ser oportuna si la aprovechamos para el relanzamiento del aparato productivo dominicano. En lo inmediato cabe redimensionar el escenario del comercio local. Es un error de proporciones concebir que sólo estamos habilitados a comercializar en los cuarenta y ocho mil kilómetros cuadrados, y transar con diez millones de habitantes que ocupa dicha extensión geográfica, que se transforma, como lo hemos venido diciendo en reiteradas oportunidades, en tres millones de consumidores y siete millones de dependientes. Es urgente evaluar las necesidades de consumo de la diáspora dominicana en donde se encuentre, poco importa lo alejado que resida. En el mismo orden los requerimientos potenciales de los mercados del entorno, no sólo de Haití. Ahí tenemos el Caribe franco-anglófono y centro América, mercados que multiplicarían nuestro pleno empleo a volúmenes insospechados. Requerimos inversión y una estructura financiera orientada al crédito productivo en función de los mercados citados, esto es, una banca de divisas.