#162 LA NUEVA MONEDA PATRÓN: EL TIEMPO

La economía, como todo, varía con el tiempo, que a su vez redimensiona las decisiones a tomar, y como es lógico, nos marca pautas en las prioridades del momento. Como por arte de magia el Estado dominicano es poseedor de Ede-Este, una operación que al decir del presidente Fernández, no fue un acto de compra, es decir, no costó un solo peso. Cuál fue, quisiéramos saberlo, esa ingeniería financiera que nos convirtió de pronto, sin ceder a ningún precio, en propietarios de una distribuidora eléctrica. Pienso que sí desembolsamos recursos, otro tipo de moneda, aquella que transcurre en su propio espacio, deprecia activos y convierten los valores en deudas.
Requerimos de cincuenta años, como lapso de referencia, para superar la crisis financiera que arropa el planeta. Habíamos afirmado en otra columna que el sistema financiero internacional, llámense bancos, habían caído en un vacío existencial, requerían rentar urgentemente la disponibilidad de fondos a falta de los derivados hipotecarios que a la postre resultaron insolventes, con la complicidad de los actores financieros, me refiero a intermediarios y bolsas de valores. Resulta que la República Dominicana dispone de acceso al crédito en medio de la crisis financiera global. Es obvio lo que está ocurriendo, pues las naciones en vías de desarrollo han resultado ser en estos momentos, más rentables que la inversión en documentos comerciales. Observamos con aprensión que los reflujos financieros internacionales responden a un giro en la estrategia de colocación de créditos, a favor de quienes siempre están necesitados de dinero, esto es, los países pobres. El inconveniente que se les presenta es la garantía del retorno del capital más el cobro de la onerosa rentabilidad de la deuda externa, si no cuentan con el auxilio del Fondo Monetario Internacional.