Esa es la realidad del crédito en la República Dominicana: el crédito está mal parado. La gente está renuente a utilizar el crédito, así de sencillo, sino revisen las estadísticas que abundan en los medios. Lo que sería el soporte más estratégico para el desarrollo de las inversiones locales, se torna insoportable. ¿Por qué? ¿Será el pesimismo, fruto del momento, sin justificación aparente? Resulta que el crédito nativo está estructurado como generador de beneficios para la entidad emisora, el banco. Nunca pierde, todo lo contrario, inclusive se ha descubierto que la morosidad es un negocio de increíbles proporciones, auxiliado ahora con la innovación de los call center, además de los centros de referencias de crédito, los no bien recordados “sicla”.
Las reglas no están claras en muchas ocasiones, cuando un solicitante opta por la formalización de una solicitud de préstamo. En general resultan cambiantes, a favor de la entidad crediticia. A lo que nos queremos referir es que el crédito local carece incuestionablemente de equilibrio, quebrándose siempre a favor de la entidad prestamista. Abogamos por un crédito más humano y por ende más funcional, al servicio del desarrollo de la economía del país.
El Banco Central ha reducido el interés activo con la intención de dinamizar al alicaído sector empresarial, pero eso no basta. El resultado aún se está esperando. Pensamos que el principal preocupado por este triste resultado es el sector bancario, ¿es así?
El empresario luce medroso frente al incontrolable riesgo, al ver sus esfuerzos absorbidos alegremente por un mágico algoritmo financiero, inserto en el sistema computacional que al mínimo traspiés del prestatario, aplica automáticamente los indeseables recargos por mora que se capitalizan, viendo el empresarios, con los ojos llorosos, como su deuda crece exponencialmente, sin que nadie, absolutamente nadie lo proteja.
Hay la necesidad urgente del cambio en la política económica en cuanto al manejo de los ahorros de los agentes económicos, poniéndolos indefectiblemente al servicio del desarrollo del país.
Las reglas no están claras en muchas ocasiones, cuando un solicitante opta por la formalización de una solicitud de préstamo. En general resultan cambiantes, a favor de la entidad crediticia. A lo que nos queremos referir es que el crédito local carece incuestionablemente de equilibrio, quebrándose siempre a favor de la entidad prestamista. Abogamos por un crédito más humano y por ende más funcional, al servicio del desarrollo de la economía del país.
El Banco Central ha reducido el interés activo con la intención de dinamizar al alicaído sector empresarial, pero eso no basta. El resultado aún se está esperando. Pensamos que el principal preocupado por este triste resultado es el sector bancario, ¿es así?
El empresario luce medroso frente al incontrolable riesgo, al ver sus esfuerzos absorbidos alegremente por un mágico algoritmo financiero, inserto en el sistema computacional que al mínimo traspiés del prestatario, aplica automáticamente los indeseables recargos por mora que se capitalizan, viendo el empresarios, con los ojos llorosos, como su deuda crece exponencialmente, sin que nadie, absolutamente nadie lo proteja.
Hay la necesidad urgente del cambio en la política económica en cuanto al manejo de los ahorros de los agentes económicos, poniéndolos indefectiblemente al servicio del desarrollo del país.