#175 ¡OH! INSULARIDAD

Estamos en el medio del mar, ¿solos? Precisión genérica, aún así apropiada para la denotación de excepción de la República Dominicana. Lo cierto es que contamos con una de las ventajas competitivas -sui géneris, sí- de atracción para alguna potencia comercial.
El principal trasiego de mercancías en el mundo se realiza por vía marítima. De ahí que los cuarenta y ocho mil kilómetros cuadrados insular deriva en excelente trampolín, un factor difusor ideal de bienes y servicios.
Al ponderarla resulta que no requeriríamos del mercado local para proyectar un PNB fuerte, estable. Únicamente necesitamos “exportar” nuestra ventaja competitiva. Sí, así es. Se trata de comercializar en el resto del mundo la condición insular que nos regaló Dios, y de ñapa el pleno empleo dominicano –que no es mucho en términos de volumen-, dispuesto a incorporarse a la estructura productiva más variada y creativa.
Recientemente el presidente Fernández recibió la propuesta de la construcción –ojo, inversión- de una refinería de capital libio. Esto no hubiera ocurrido nunca, sino estuviera de por medio el potencial real de la insularidad comercial de la República Dominicana.
Parece muy obvia la visión perspicaz del grupo inversionista africano – caso de la nación Líbica- que conoce a fondo el fenómeno comercial de la exportación como la conformación de un capital de conjunto.
Ahora es el negocio energético –el petróleo y derivados- la que privilegia la isla. No hay límites comerciales para las ventajas geo-exportables.