Se ningunea la identidad de la República Dominicana hasta el paroxismo. La salida no es el chovinismo, sino la conciencia plena de nuestras competencias. Podemos acometer disquisiciones de experiencias foráneas, pero no pasan de ser espacios de reflexión, ejercicios de familiarización de aspectos genéricos de toda economía. A partir de esta salvedad afirmamos que la República Dominicana ostenta identidad propia. No me refiero a los aspectos folklóricos, harto conocidos y discutidos hasta la saciedad. Apuntamos a los recursos económicos con que cuenta el país, en muchos casos de enormes potencialidades escasamente desarrollados.
Hay el principio en Marketing que afirma de manera inequívoca que los criterios de producción los determina el mercado. Craso error. La producción es la reacción directa a las posibilidades económicas con que cuenta la isla, guste o no nos guste. El sentido comercial lo fija la producción; lo que resta es localizar el mercado y las “formas” –presentaciones- con mayores oportunidades de penetración. En tal sentido, hay que ser amplios y creativos con los mercados y sus gustos.
Nos falta a gritos descubrir nuestra identidad económica, ese es el punto de partida para interactuar con el resto del mundo. El ejemplo ostensible más ilustrativo corresponde al gran acierto comercial de Japón en el mercado americano. USA se queja de la desproporción de la balanza comercial con Japón. Las exportaciones niponas en tierra yanqui son mucho mayores. Los japoneses afirman que los americanos no saben comercializar en sus mercados. Cosas de identidad económica que no han podido captar claramente los hijo del Tío Sam.
Hay el principio en Marketing que afirma de manera inequívoca que los criterios de producción los determina el mercado. Craso error. La producción es la reacción directa a las posibilidades económicas con que cuenta la isla, guste o no nos guste. El sentido comercial lo fija la producción; lo que resta es localizar el mercado y las “formas” –presentaciones- con mayores oportunidades de penetración. En tal sentido, hay que ser amplios y creativos con los mercados y sus gustos.
Nos falta a gritos descubrir nuestra identidad económica, ese es el punto de partida para interactuar con el resto del mundo. El ejemplo ostensible más ilustrativo corresponde al gran acierto comercial de Japón en el mercado americano. USA se queja de la desproporción de la balanza comercial con Japón. Las exportaciones niponas en tierra yanqui son mucho mayores. Los japoneses afirman que los americanos no saben comercializar en sus mercados. Cosas de identidad económica que no han podido captar claramente los hijo del Tío Sam.