Hace algunos años tuve la oportunidad de compartir con un broker comercial de nacionalidad americana de visita en el país, con precios y beneficios en carpeta ofrecidas al mejor postor, particularmente su oferta se dirigía al sector fabril de textiles con régimen impositivo de exención, llámese zona franca. Al escucharlo me llamó la atención la forma como operaba, garantizando su margen de beneficio personal y precios de “vaca muerta” de confecciones que rebotarían en República Dominicana como productos importados de marca. Era obvio, el canal de distribución mayorista y detallista ahogaba al sector fabril, el negocio del embudo, esto es márgenes exiguos de ganancias al inicio del canal de distribución y ganancias extremadamente altas al otro extremo, donde precisamente se ubicaban los sectores comerciales especuladores, sin el más mínimo escrúpulo por la mayor inversión social y económica del aparato productivo nacional. A partir de esa breve experiencia me formé la opinión de que las empresas de zonas francas desaparecerían en algún momento; mi opinión no ha variado desde aquel entonces y hoy estamos presenciando el aleteo final de un sector nacido de la coyuntura de los mercados internacionales.
La opinión pública se escandaliza, parece imposible, no tiene razón de ser, por qué, si el país necesita producción y empleo, empero se apela a la paridad cambiaria aduciendo motivos locales los causantes de la crisis de las zonas francas, cuando las causas son más complejas y de mayor peso las exógenas.
Las empresas de zonas francas no solo operan a cuenta de un margen de beneficio estructural, es decir, lo que le ofrece la economía del país, sino de márgenes de beneficio coyunturales, básicamente las oportunidades de los mercados con que se vinculan comercialmente.
La opinión pública se escandaliza, parece imposible, no tiene razón de ser, por qué, si el país necesita producción y empleo, empero se apela a la paridad cambiaria aduciendo motivos locales los causantes de la crisis de las zonas francas, cuando las causas son más complejas y de mayor peso las exógenas.
Las empresas de zonas francas no solo operan a cuenta de un margen de beneficio estructural, es decir, lo que le ofrece la economía del país, sino de márgenes de beneficio coyunturales, básicamente las oportunidades de los mercados con que se vinculan comercialmente.