Se ensombrece el argumento con el cúmulo de vivencias que se repiten en la isla como la lección no aprendida. Por ahí andan algunos hechos recientes ocurridos en la sociedad dominicana actual. Empecemos con el umbral, fenómeno de una carga enorme de enseñanzas y conocimientos a través de la historia; me imagino que se están preguntando: …y el umbral, ¿qué es eso?
Hace un tiempo un banquero amigo, basado en su experiencia de años, me decía que las decisiones financieras casi siempre transitan por la frontera de lo legal e ilegal –parece ser que hay decisiones de tipo financieras que no pueden tomarse si no acudimos al umbral y su enfoque particular-, una línea tenue, imperceptible que toman las decisiones trascendentales de esta índole. Pues esto tiene que ver con el umbral, sabemos que estamos en el límite, en donde una entidad deja de ser para convertirse en otra cosa; esa es la idea principal del umbral. Hay distintas teorías sobre el umbral; la economía es una de las más activas en los conceptos umbralistas, la política también.
El umbral es el límite del objeto más allá del cual sólo existe la ilegalidad. La gente observa este hecho inusual aunque imperceptible, especulativo, sujeto a opiniones diversas. A falta de no ser advertido el fenómeno del umbral en nuestro entorno, algunos estratos sociales se ubican en posturas seudo moralistas, tropezando con puntos de vistas maliciosos en donde no existen.
Creo hasta la pertinacia que el ejercicio político actual es un factor contaminante cuando se trata de ponderar con objetividad algún punto de agenda del país. Si esta observación no se toma como una advertencia, indefectiblemente caeremos en el círculo vicioso donde subyacen toda una gama de intereses creados, con la ciudadanía en el papel de veleta.
A cuenta de las disquisiciones que escuchamos a diario debemos afirmar que las buenas intensiones corren en un carril paralelo a las decisiones correctas, aunque no lo queramos ver así y nos aferremos a la dictadura del sentimiento, confusión no superada por un factor cultural de carácter formativo.
Hace un tiempo un banquero amigo, basado en su experiencia de años, me decía que las decisiones financieras casi siempre transitan por la frontera de lo legal e ilegal –parece ser que hay decisiones de tipo financieras que no pueden tomarse si no acudimos al umbral y su enfoque particular-, una línea tenue, imperceptible que toman las decisiones trascendentales de esta índole. Pues esto tiene que ver con el umbral, sabemos que estamos en el límite, en donde una entidad deja de ser para convertirse en otra cosa; esa es la idea principal del umbral. Hay distintas teorías sobre el umbral; la economía es una de las más activas en los conceptos umbralistas, la política también.
El umbral es el límite del objeto más allá del cual sólo existe la ilegalidad. La gente observa este hecho inusual aunque imperceptible, especulativo, sujeto a opiniones diversas. A falta de no ser advertido el fenómeno del umbral en nuestro entorno, algunos estratos sociales se ubican en posturas seudo moralistas, tropezando con puntos de vistas maliciosos en donde no existen.
Creo hasta la pertinacia que el ejercicio político actual es un factor contaminante cuando se trata de ponderar con objetividad algún punto de agenda del país. Si esta observación no se toma como una advertencia, indefectiblemente caeremos en el círculo vicioso donde subyacen toda una gama de intereses creados, con la ciudadanía en el papel de veleta.
A cuenta de las disquisiciones que escuchamos a diario debemos afirmar que las buenas intensiones corren en un carril paralelo a las decisiones correctas, aunque no lo queramos ver así y nos aferremos a la dictadura del sentimiento, confusión no superada por un factor cultural de carácter formativo.