¿Conoce el banco central la dramática realidad del retorno del 7.8% del crecimiento del PIB? Los 160 mil empleos nuevos sólo justifican el renglón de inversión, y ¿el resto de la economía? Distribución y redistribución de la riqueza que produce y reproduce constantemente la economía dominicana, a esa y no a otra coyuntura es que nos referimos.
Hay un sentido de oposición estructural entre el crecimiento de la economía y el correspondiente retorno de dicho incremento, traducido por supuesto en el bienestar mínimo requerido por la población. El problema básico se centra en la situación contradictoria, en la dirección del empleo y la dirección del crecimiento del PIB. Lo esperado es que transiten igual sentido, empero resulta que lo hacen en sentidos dispares. El gobierno, eje central de la redistribución, es el punto neurálgico que podría corregir las distorsiones de la estructura distributiva. Pero, ¿es manejable el sesgo social del país? El cúmulo de necesidades vigentes absorbe sin dificultad cualquier esfuerzo de asistencia oficial. El monstruo de mil cabezas es insaciable, dispuesto a tragarse todo lo que se ponga en frente, convirtiendo en impracticable cualquier plan de asistencia social. Entonces, ¿qué hacer? La idea primaria es convertir la población en agentes económicos incorporándolos a la actividad productiva. La ayuda per se es totalmente improductiva y por demás nociva, allí están los hechos. Requerimos de un enfoque proactivo centrado en la educación, asistidos de los recursos financieros y logísticos necesarios y en el horizonte de tiempo apropiado.
En la medida en que las entidades catalizadoras de la isla muestren la respuesta requerida, es posible establecer la correspondencia adecuada a las necesidades sociales, sobre todo de las masas desposeídas.
Es oportuno afirmar que el problema central corresponde al grado de elasticidad con que se maneje la variable política. Me refiero particularmente a este componente porque es el más visible de los que se definen como perturbadores del orden económico.
Hay un sentido de oposición estructural entre el crecimiento de la economía y el correspondiente retorno de dicho incremento, traducido por supuesto en el bienestar mínimo requerido por la población. El problema básico se centra en la situación contradictoria, en la dirección del empleo y la dirección del crecimiento del PIB. Lo esperado es que transiten igual sentido, empero resulta que lo hacen en sentidos dispares. El gobierno, eje central de la redistribución, es el punto neurálgico que podría corregir las distorsiones de la estructura distributiva. Pero, ¿es manejable el sesgo social del país? El cúmulo de necesidades vigentes absorbe sin dificultad cualquier esfuerzo de asistencia oficial. El monstruo de mil cabezas es insaciable, dispuesto a tragarse todo lo que se ponga en frente, convirtiendo en impracticable cualquier plan de asistencia social. Entonces, ¿qué hacer? La idea primaria es convertir la población en agentes económicos incorporándolos a la actividad productiva. La ayuda per se es totalmente improductiva y por demás nociva, allí están los hechos. Requerimos de un enfoque proactivo centrado en la educación, asistidos de los recursos financieros y logísticos necesarios y en el horizonte de tiempo apropiado.
En la medida en que las entidades catalizadoras de la isla muestren la respuesta requerida, es posible establecer la correspondencia adecuada a las necesidades sociales, sobre todo de las masas desposeídas.
Es oportuno afirmar que el problema central corresponde al grado de elasticidad con que se maneje la variable política. Me refiero particularmente a este componente porque es el más visible de los que se definen como perturbadores del orden económico.