Si partimos, en el análisis, que la región del Caribe es un abanico de países subdesarrollados, esta circunstancia, aparentemente, no es obstáculo para la concreción del bienestar y prosperidad del mosaico antillano. Desde ya algunos países están obteniendo ventajas comparativas considerables que desvirtúan ostensiblemente la indeseada atadura fatalista del subdesarrollo.
¿La ventaja más llamativa? los costos bajos; ¿cuál más? La inserción en una economía no regulada, distinta a la “desregulada”; ¿la diferencia? Esta mudó el desmonte de restricciones, mientras en aquella predomina la relativa limitación negociada que se traduce en un esquema de flexibilidad para los nuevos capitales a invertir, tierra virgen para los inversionistas que no gustan de condicionamientos. ¿Otra? El reducido grado de competencia frente a la perspectiva de un voraz incremento del consumo, el escenario excelente de comercialización. ¿Resta algo? La oportunidad de disponer de ingresos, me refiero al empleo como sustentación obvia de la actividad económica, con crecimiento y sin artificios.
El siglo XXI desvela el despeñamiento de algunos prejuicios económicos, ora el desgrane de la máxima “el subdesarrollo va de la mano de la pobreza”, transformada en imperdonable anacronismo. El nuevo concepto expresa que la riqueza de una Nación reside en la configuración potencial empleo-consumo de los agentes económicos. ¿Cuál es la riqueza con que cuentan los pobres? Reside en la capacidad potencial de empleo-consumo y la posibilidad de desarrollo de estas variables. ¿Qué significado tiene el desarrollo para los países subdesarrollados? El factor distintivo es la inversión.
Los países en estado de subdesarrollo que compiten por inversiones se sitúan en el Asia meridional y oriental, parte del África, Centroamérica y gran parte de la región insular de las Antillas de la cual forma parte la Republica Dominicana. A pesar de la corriente de integración mundial, nuestras posibilidades están segmentadas por condiciones evolutivas, algunas de muy lento movimiento como el factor cultural y la idiosincrasia, la más sintomática.
¿La ventaja más llamativa? los costos bajos; ¿cuál más? La inserción en una economía no regulada, distinta a la “desregulada”; ¿la diferencia? Esta mudó el desmonte de restricciones, mientras en aquella predomina la relativa limitación negociada que se traduce en un esquema de flexibilidad para los nuevos capitales a invertir, tierra virgen para los inversionistas que no gustan de condicionamientos. ¿Otra? El reducido grado de competencia frente a la perspectiva de un voraz incremento del consumo, el escenario excelente de comercialización. ¿Resta algo? La oportunidad de disponer de ingresos, me refiero al empleo como sustentación obvia de la actividad económica, con crecimiento y sin artificios.
El siglo XXI desvela el despeñamiento de algunos prejuicios económicos, ora el desgrane de la máxima “el subdesarrollo va de la mano de la pobreza”, transformada en imperdonable anacronismo. El nuevo concepto expresa que la riqueza de una Nación reside en la configuración potencial empleo-consumo de los agentes económicos. ¿Cuál es la riqueza con que cuentan los pobres? Reside en la capacidad potencial de empleo-consumo y la posibilidad de desarrollo de estas variables. ¿Qué significado tiene el desarrollo para los países subdesarrollados? El factor distintivo es la inversión.
Los países en estado de subdesarrollo que compiten por inversiones se sitúan en el Asia meridional y oriental, parte del África, Centroamérica y gran parte de la región insular de las Antillas de la cual forma parte la Republica Dominicana. A pesar de la corriente de integración mundial, nuestras posibilidades están segmentadas por condiciones evolutivas, algunas de muy lento movimiento como el factor cultural y la idiosincrasia, la más sintomática.