La oferta laboral, según el banco central, es de relativa importancia por los aspectos vinculados, me refiero a la microempresa y la educación local. Sin embargo, la población querría saber algunas cifras que expliquen de otra manera el crecimiento extraordinario del PIB dominicano.
La oferta laboral mide la población ocupada de los sectores productivos del país, esto es, agropecuaria, manufactrura y servicios, particularmente la contratación de mano de obra de zonas francas y turismo. La población ocupada se estima en 40% de la población del país -diez millones de habitantes-, mientras que los dominicanos favorecidos con empleo rondan el 3% de la población ocupada actual. Resulta interesante y hasta curioso, además refleja un matiz favorable en la recomposición del espectro laboral del país, que los nuevos ocupados provenientes en su gran mayoría de las empresas de zonas francas rehiladas frente a la expectativa de beneficios deprimidos, pasaran a engrosar las filas de la mano de obra informal que nutre la economía informal o la llamada economía paralela, y en algunos países europeos la identifican como economía subterránea, el economista peruano Hernando de Soto la bautizó con el nombre de El Otro Sendero.
La dinámica de los factores de producción –capital y trabajo- que impactan en los sectores productivos y se traduce en una variación del PIB, configuran un cuadro lógico en la situación del empleo actual en República Dominicana. El argumento es sencillo, si crecen los factores de producción, por tanto crece el PIB, fiel reflejo de los movimientos favorables de los sectores económicos.
El año 2005 el PIB dominicano creció un 9.3%, para asombro del mundo y de las entidades internacionales como el FMI y el Banco Mundial, y para lo que va del año 2011 se persiste en el crecimiento asimétrico, en consecuencia no es óbice que se muestre un incremento de la población ocupada, no hacerlo sería una contradicción imperdonable, un lapsus estadístico de proporciones, una ojeriza bien ganada por parte de los organismos internacionales.
La oferta laboral mide la población ocupada de los sectores productivos del país, esto es, agropecuaria, manufactrura y servicios, particularmente la contratación de mano de obra de zonas francas y turismo. La población ocupada se estima en 40% de la población del país -diez millones de habitantes-, mientras que los dominicanos favorecidos con empleo rondan el 3% de la población ocupada actual. Resulta interesante y hasta curioso, además refleja un matiz favorable en la recomposición del espectro laboral del país, que los nuevos ocupados provenientes en su gran mayoría de las empresas de zonas francas rehiladas frente a la expectativa de beneficios deprimidos, pasaran a engrosar las filas de la mano de obra informal que nutre la economía informal o la llamada economía paralela, y en algunos países europeos la identifican como economía subterránea, el economista peruano Hernando de Soto la bautizó con el nombre de El Otro Sendero.
La dinámica de los factores de producción –capital y trabajo- que impactan en los sectores productivos y se traduce en una variación del PIB, configuran un cuadro lógico en la situación del empleo actual en República Dominicana. El argumento es sencillo, si crecen los factores de producción, por tanto crece el PIB, fiel reflejo de los movimientos favorables de los sectores económicos.
El año 2005 el PIB dominicano creció un 9.3%, para asombro del mundo y de las entidades internacionales como el FMI y el Banco Mundial, y para lo que va del año 2011 se persiste en el crecimiento asimétrico, en consecuencia no es óbice que se muestre un incremento de la población ocupada, no hacerlo sería una contradicción imperdonable, un lapsus estadístico de proporciones, una ojeriza bien ganada por parte de los organismos internacionales.