La economía dominicana lleva sobre sus hombros el cliché de ser una de las más grandes de la región del Caribe, cuya característica básica son los servicios. Las economías del Caribe tienen la impronta del turismo, aún no han dado el salto al desarrollo de la industria de la manufactura, a pesar de sus condiciones inmejorables.
A menos que cambien en el corto plazo las condiciones económicas internacionales, la economía dominicana vigente es inviable, sigue siendo cara.
¿Cuál es el camino a seguir? La respuesta es sencilla y no deja de ser paradigmática: el camino del ahorro. El modelo económico viable debe sostenerse en el ahorro, en la frugalidad con tacañería y sin ruindad, en otras palabras, la decidida inclinación a realizar los menores gastos posibles. Lo que queremos significar es que el tamaño actual de la economía dominicana escapa a nuestras posibilidades, tanto en la disponibilidad de liquidez domestica como a la gubernamental. El incremento sostenido de los préstamos nos da la razón. Percibimos con preocupación que se piense y opine con suntuosidad en todos los ámbitos de la vida nacional, con muy poca o casi nada creatividad en el gasto, construyendo de esa manera un país de alto estándar de vida. La idiosincrasia que nos gastamos ayuda poco o casi nada. No duden que al respecto haya conexiones implícitas con el aumento en el índice de suicidio, multiplicación en accidentes de transito, agudización en la ansiedad social, desenfreno en el comercio ilegal en general, y sobre todo la arraigada proclividad a la vida fácil.
Lo que pretendemos argüir con la reducción de la economía dominicana apunta a la aplicación de una política de incentivos de bienes utilitarios de bajo consumo de energía, é incentivo al consumo de bienes suplementarios con el fin de quebrar la actual inelasticidad del gasto. Abundan los ejemplos en la generalidad de los países europeos.
Reaccionemos a tiempo, no nos quejemos ni busquemos el culpable al cabo de cuatro años cuando lo contemplamos reflejado todos los días en el espejo de nuestro cuarto de baño.
A menos que cambien en el corto plazo las condiciones económicas internacionales, la economía dominicana vigente es inviable, sigue siendo cara.
¿Cuál es el camino a seguir? La respuesta es sencilla y no deja de ser paradigmática: el camino del ahorro. El modelo económico viable debe sostenerse en el ahorro, en la frugalidad con tacañería y sin ruindad, en otras palabras, la decidida inclinación a realizar los menores gastos posibles. Lo que queremos significar es que el tamaño actual de la economía dominicana escapa a nuestras posibilidades, tanto en la disponibilidad de liquidez domestica como a la gubernamental. El incremento sostenido de los préstamos nos da la razón. Percibimos con preocupación que se piense y opine con suntuosidad en todos los ámbitos de la vida nacional, con muy poca o casi nada creatividad en el gasto, construyendo de esa manera un país de alto estándar de vida. La idiosincrasia que nos gastamos ayuda poco o casi nada. No duden que al respecto haya conexiones implícitas con el aumento en el índice de suicidio, multiplicación en accidentes de transito, agudización en la ansiedad social, desenfreno en el comercio ilegal en general, y sobre todo la arraigada proclividad a la vida fácil.
Lo que pretendemos argüir con la reducción de la economía dominicana apunta a la aplicación de una política de incentivos de bienes utilitarios de bajo consumo de energía, é incentivo al consumo de bienes suplementarios con el fin de quebrar la actual inelasticidad del gasto. Abundan los ejemplos en la generalidad de los países europeos.
Reaccionemos a tiempo, no nos quejemos ni busquemos el culpable al cabo de cuatro años cuando lo contemplamos reflejado todos los días en el espejo de nuestro cuarto de baño.