#286 ¿IMPUESTO A LA MICROEMPRESA?

¿Por qué el chiripero no debe tributar? Hay varios motivos: la proliferación de la delincuencia, y la indetenible expansión de la droga.
René Descartes, uno de los pocos sabios en la razón, afirmaba que "...no basta, ciertamente, tener buen entendimiento: lo principal es aplicarlo bien". El “negocito” es un buen ejemplo de trabajo. Visto así, el trabajo deviene en la mejor herramienta educativa, ¡y a qué costo! ¡Nada! No le cuesta nada en gasto presupuestario al gobierno; la promoción de empleos, como el milagro de la multiplicación de los panes. Olvídense de la taxonomía perversa que hace énfasis en la diferencia del empleo formal e informal, satanizando a los llamados “busca-vidas”. ¿Por qué? Se percibe como algo malo que la gente busque el sustento de la vida con pocos o casi nada de recursos. Fatalmente aún impera esta forma de pensar, enquistada en la idiosincrasia del isleño, convertida en la terrible realidad de los desamparados. La informalidad está creciendo en el planeta de manera pasmosa, es indetenible, busca sus vías; lejos de obstaculizarla, hay que darle paso.
Es más que obvio, la universidad ha fracasado. Divorciada del medio productivo, anquilosada en el siglo diecisiete cuando la academia era incólume, pura y libre del pecado del negocio. ¿El resultado? La universidad está aislada, sin objetivos sociales; luce actualmente como el quijote, enfrentada a los molinos de vientos. Urge la modificación de la ley de educación superior, a fin de provocar un cambio de mentalidad en los empresarios académicos actuales, que deben poseer en su calidad formativa credenciales de tipo empresarial y organizacional, no hay otra forma de superar el virtual anquilosamiento de los recursos humanos, población económicamente activa desperdiciada, durmiendo el sueño de los justos, en alusión a la inmensa cantidad de energía laboral perdida por falta de la orientación adecuada.