#288 DESPENSEROS DEL FMI

Los países pobres de este lado del planeta, restringidos por el peso agobiante de la deuda externa, operan con voluminosos presupuestos, aunque de éstos solo accedan a una parte muy pequeña, pues a decir verdad la despensa es ajena; dicho a lo crudo, el oficio de los gobiernos de turno no es otro que el de despenseros del Fondo Monetario Internacional.
Cuesta pensar a quién se le ocurrió ensartar por ley la asignación de naturaleza presupuestaria de una cartera oficial como la de Educación, que muy bien pudo ser otra, inspirada -¡qué tal crueldad!- en la pretendida crecida del movimiento económico isleño. A veces pienso que fue una manera de acallar a los agoreros monetaristas, en cuyo ejercicio de resta periódica, se muestran como el único grupo optimista que subsiste en esta parte de la isla. El 4% para Educación –cliché por demás pegajoso- dibuja una aspiradora insaciable de fondos inexistentes, un sofisma financiero de marca mayor que nos recuerda el profundo enraizamiento en que se encuentra la demagogia política dominicana.
Para compensar en algo al alicaído presupuesto –dudo que el acceso a la disponibilidad de caja llegue a la cuarta parte de las existencias- de algún ingenioso partió el artificio de entreverar fondos crediticios a la pieza proyectiva en cuestión. Es un As sacado de la manga; me explico, resuelve sí, y con creces, las necesidades agobiantes de recursos líquidos de corto plazo, empero, enroña las escasas posibilidades que le queda a la República Dominicana del largo plazo, convirtiendo el presente en un desdeñoso recuerdo. Resignados dirán algunos, bueno amigo esto es asunto de supervivencia; otros, con algún remanente de escrúpulos, respirarán un profundo: ¡qué le vamos a hacer, la fe en el futuro no da para tanto!
Queda la esperanza a las futuras generaciones de sentar las bases de una nueva economía, sacudirnos pronto de la fatalidad de la economía afincada en la importación como modelo económico vigente; abrir mercados a nuestra inventiva, traducida en productos de significativo valor agregado. En lo adelante, no hay otra salida viable.