Un gobierno pobre es fiel reflejo de un aparato productivo
modesto, si acaso tímido, de reducido volumen de consumidores, aquellas economías enmarañadas en los míseros mercados locales. ¿Hay coincidencia
con éste, el de la isla? No debemos atribuirle todo el peso de la
ineficiencia económica a la corrupción oficial que probablemente apunta al 2%
del PIB. El mal mayor de la economía dominicana es que no produce, la manufactura
está en el suelo victima de la epidemia de la importación. Vivimos engañados por un tipo deleznable de zona franca que no
responde a los intereses económicos y financieros nacionales, sino al de los países
de origen, que no es propiamente el nuestro. Respecto al turismo ocurre algo
parecido, pues el grueso de divisas fruto de las transacciones comerciales de
ese sector no circula en la isla, sino en los países –España es un caso- de
donde se originan las inversiones turísticas. ¿Este argumento reviste importancia? ¡Oh sí! tal como lo es para una empresa la salud financiera del grueso
de ingresos que circulan a través de sus arcas y libros contables. Contamos sólo, en lo que se refiere a la lozanía financiera de nuestra economía, con
un magro ingreso en divisas expresado en el valor del impuesto que requisa el
gobierno del flujo turístico que pisa suelo isleño. Así no podemos estructurar
un plan de desarrollo, atentos a una hacienda achaflanada del sector turístico. Nuestro planteamiento primario consiste en la reformulación de la ley de inversiones foraneas, más ajustada a las necesidades financieras, en pro del desarrollo económico dominicano. Sospecho que la defensa
actual del planteamiento propositivo del modelo económico exportador por parte
de empresarios locales identificados como exportadores se sustenta en la hipótesis
de coyuntura, en negocios oportunistas. Un sano interés del modelo económico en
cuestión por parte del sector productivo, se manifiesta en proyectos fabriles
de alto valor agregado, cosa que responde a márgenes significativos de
creatividad bajo la sombrilla de inversiones nativas, hecho sin precedentes que coadyuvaría a la fortaleza financiera en divisas, requerimiento de urgencia, impronta incuestionable del futuro promisorio de cada uno de los dominicanos.